Wednesday, April 12, 2017

La liberación de lavando pies y compartiendo el Cuerpo

Notas para una homilía, Jueves Santo, Concepción, Copán, Honduras

Éxodo 12, 1-8.11-14
1 Corintios 11, 23-26
Juan 12. 1-15

Hoy, en la celebración de la Cena del Señor, solamente la segunda lectura habla de la Eucaristía. Comenzamos con el relato de la cena pascual.

Los judíos celebran la Pascua, el Éxodo de la esclavitud del Egipto, con una cena sacramental. No es un drama – para ellos, la cena es una manera de vivir otra vez su liberación de la esclavitud en Egipto. Recuerdan la misericordia de Dios que escuchó sus gritos, sus clamores, e intervino para rescatarles. La Cena pascual es una manera de celebrar la presencia liberadora de Dios.

La Última Cena del Señor fue, probablemente, una cena pascual. Con sus discípulos, Jesús celebró la liberación del pueblo judío en el medio de la ocupación de Israel por las tropas romanos. La Pascua fue un tiempo muy caliente en los tiempos de Jesús. Recordando su liberación de la esclavitud del Egipto, muchos judíos esperaban su liberación de los extranjeros romanos. Algunos quisieron echarlos con violencia.

Jesús vino para liberar a su pueblo – pero no matando a los demás, sino entregando su vida por todos. En la última cena les dio a sus discípulos su cuerpo y sangre, bajo la forma de pan y vino, para mostrar su entrega hasta la muerte – que él iba a sufrir en menos que veinte horas. La liberación de Dios de esclavitud es un hecho de entrega de sí mismo para los demás.

Pero, después de la cena Jesús nos dio un ejemplo de su liberación. Lavó los pies de sus discípulos.



Este no era un drama. Era un hecho de servir, de anonadarse, de ponerse entre los servidores y esclavos. Solamente los esclavos lavaban los pies en el tiempo de Jesús – y los pies eran bien sucios.

Cuando nos bajamos antes de otra persona, reconocemos que no somos los mejores. Somos los menores, los servidores. Ponemos las necesidades de los demás antes de las nuestras. Reconocemos que Dios quiere una comunidad en la cual hay un vínculo de amor, de cariño, de ayuda mutua.

¿Por qué? Porque tenemos un Dios que nos ama y se ha entregado hasta la muerte para nosotros.


Y haciendo lo mismo, podemos experimentar la liberación verdadera.