Friday, June 29, 2018

Santos Pedro y Pablo


Santidad ayer y hoy
Notas para una homilía.
Hechos 12, 1-11; 2 Timoteo 4, 6-8. 17-18; Mateo 16, 13-19

Hoy, el 29 de junio, la iglesia celebra la fiesta de los grandes apóstoles Pedro y Pablo, la piedra de la iglesia y el gran misionero, martirizados en la ciudad de Roma, centro del imperio romano.

Hay una tentación de ponerlos en un pedestal, muy arriba de nosotros, santos en los cielos. Pero Santos Pedro y Pablo fueron personas como nosotros. Equivocaron, pecaron, fallaron.

San Pedro en el evangelio de hoy se llama “la piedra”. Pero ¿qué tipo de piedra? Leyendo unos pocos versículos adelante, Pedro trata de convencerle a Jesús que el Mesías no debería morir, víctima de los poderes religiosos. Jesús lo reprendió, llamándole “satanás” – él que impide, el obstáculo – porque quiso prevenir la entrega hasta la muerte. También, Pedro lo negaron a Jesús en la casa del sumo sacerdote.

En los Hechos de los Apóstoles encontramos a San Pablo por primera vez en el martirio de San Esteban, aprobando el hecho. Sigue persiguiendo a los seguidores de Jesús. Después de su conversión los encontramos enojado con un discípulo y no lo permitió viajar consigo. Y, a veces, regaña a varias personas que lo abandonaron.

 Ni Pedro ni Pablo pudieron jactarse de una “santidad” perfecta o de hacerse santos por sus propias fuerzas.

Como Pablo escribió a Timoteo:
“Cuando todos me abandonaron, el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que , por mi medio, se proclamara claramente el mansaje de salvación…”
2 Tim 4, 17

La santidad es, en una manera, un regalo de Dios. Dios nos llama, nos da la gracia para responder y espera nuestra respuesta. No es algo reservado a los grandes santos.

Pero, Dios nos llama a la santidad en cada momento de nuestra vida. Como escribió el Papa Francisco en  Gaudete et Exsultate:

Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. (14)

Lo que es importante es la respuesta diaria a la voz de Dios.

No importa si fallamos – recuerda las vidas de Santos Pedro y Pablo. Recuerda la gracia que Dios nos ofrece en cada momento.
No te rindas. No pierdas la esperanza. No te desamines. Y, recuerda las palabras del Papa Francisco:

Cuando sientas la tentación de enredarte en tu debilidad, levanta los ojos al Crucificado y dile: “Señor, yo soy un pobrecillo, pero tú puedes realizar el milagro de hacerme un poco mejor”. (15)

Si, Dios hizo santos a Pedro y a Pablo. Y puede hacerlo mismo con nosotros.

Como dijo beato Carlos de Foucauld,
"Dios construye sobre la nada. Por su muerte que Jesús salvó al mundo; en la nada de los apóstoles, fundó su iglesia; por la santidad y en la nada de los medios humanos se gana el cielo y se propaga la fe. "

O como escribió beato Monseñor Romero,
“Dios mio, ayudame, prepárame. Tu eres todo, yo soy nada, y sin embargo tu amor quiere que yo sea mucho. Animo. Con tu todo y con mi nada haremos mucho”.




No comments:

Post a Comment