Saturday, July 24, 2021

La abundancia de Jesús

Pan y peces para todos

17º domingo, Tiempo ordinario, ciclo B 
 2 Reyes 4, 42-44, Efesios 4, 1-6 Juan 6, 1-15
Notas para una homilía
Ambrosius Francken I, Public domain, via Wikimedia Commons

Frente a las dificultades de la vida, muchas voces dicen, “No pueden”, “No pueden cambiar”, “Tenemos que aceptar lo inevitable”. 

Este fatalismo nos hace paralizados, incapaces de actuar, estancados en la situación actual”, aceptando la injusticia del mundo.

Los poderosos, los ricos, a ellos les gusta esta actitud de fatalismo. Dicen que no tenemos los recursos a hacer la justicia – cuando están gastando miles y millones en proyectos que solamente les aprovechan.

Hoy en la primera lectura y en el evangelio, escuchamos voces como de ellos. 

 Alguien le dio a Eliseo veinte panes, Pero, su criado se quejo, “"¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?" 

En el evangelio, miramos a Jesús, mirando con compasión a la multitud – miles de personas …le dijo a Felipe: "¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" 

Felipe, pensando solamente en la dificultad de alimentar tanta gente, y como un economista o empresario, pesando del precio, le respondió a Jesús:
"Ni doscientos denarios bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan".
Pero, la lógica de Jesús es muy diferente.

No importa el gasto, lo importante es darles a comer.

Él, también, tiene confianza en su Padre que es un Dios de abundancia y no de escasez.

Andrés encuentra con un niño y le dijo a Jesús:
"Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?"
"Cinco panes y dos pescaditos. Te burlas de nosotros, Jesús". 

 Pero, en los ojos de Jesús, no es una broma. 

Como escribió José Antonio Pagola,
“Para Jesús es suficiente. Ese joven sin nombre ni rostro va a hacer posible lo que parece imposible. Su disponibilidad para compartir todo lo que tiene es el camino para alimentar a aquellas gentes. Jesús hará lo demás. Toma en sus manos los panes del joven, da gracias a Dios y comienza a «distribuirlos» entre todos”.
Nada es demasiado poco. Cada gesto tiene su valor y puede cambiar el mundo. Cada persona puede dar lo poco que tiene. 

Pienso, primero, del muchacho. Dio los panes y peces a Jesús y en momentos hay comida para todos – y mucha sobra. Yo puedo ver la sonrisa en su cara, la alegría en su corazón, el asombro en su alma. “Dios ha hecho mucho de los poco que compartí”. 

El Reino de Dios, hecho presente en este momento con la generosidad del muchacho, es tan diferente de los reinos de los poderosos y ricos. En las palabras de Dorotea Day:
La gente dice, "¿Qué bien puede hacer una persona? ¿Cuál es el sentido de nuestro pequeño esfuerzo?" No pueden ver que debemos poner un ladrillo a la vez. Solo podemos ser responsables de la única acción del momento presente. Pero podemos pedir un aumento del amor en nuestros corazones que vitalice y transforme todas nuestras acciones individuales; y podemos saber que Dios tomará nuestras acciones y las multiplicará, como Jesús multiplicó los panes y los peces.
Cada uno de nosotros tenemos algo que compartir – no solamente tortillas o pan, sino podemos compartir nuestra vida con otros, acompañándolos en sus tiempos difíciles, sentados a sus lados, escuchándolos. Tenemos el poder de el amor de acompañar, de escuchar, de luchar al lado de ellos. 

Hoy, la Iglesia celebra la primera jornada mundial de los abuelos y de los mayores.

Ustedes saben la importancia de los abuelos, las abuelas en nuestras comunidades. Muchas veces ellos sostienen las familias, rotas por la pobreza, por el abandono, por la migración. Nos muestran lo que Dios quiere – un mundo, una aldea, una iglesia, una familia donde cada uno puede realizar sus sueños, contribuir lo que tiene, desarrollar los dones que Dios nos ha dado para que seamos una comunidad de amor y de la justicia.

Hoy, recordando nuestras abuelas y abuelos, podemos aprender como vivir la visión de Jesús - de un mundo que, valuando a cada persona, nos da la oportunidad de trabajar con Jesús, compartiendo pan, dándoles de comer - no solamente pan, sino la esperanza y el amor.