Wednesday, November 23, 2016

UNA VISIÓN DE PAZ - Primer Domingo de Adviento

Primero Domingo de Adviento
Ciclo A
27 de noviembre de 2016
Isaías 2, 1-5

Notas para una homilía o una reunión de una comunidad.

DESDE LA REALIDAD:
En un barrio pobre de la ciudad de Filadelfia en los Estados Unidos vive una comunidad cristiana. Mirando la violencia alrededor de sus casas, les dio a conocer la presencia de muchas armas de fuego. El asesinato de un joven de diez y nueve años en la acera antes de su casa le dio a un hombre de la comunidad la idea de recoger armas de fuego y convertirlas en herramientas de jardines. De un fusil de asalto AK47 hacen hasta 43 herramientas con la ayuda de algunos herradores.
Hoy hay grupos en todo el mundo que trabajan para hacer arados y azadones de las armas del fuego, tratando de promover una seguridad sin violencia.

ILUMINACIÓN BÍBLICA Y DOCTRINAL
El profeta Isaías, en un tiempo difícil para el pueblo, ofrece una visión de la Ciudad de Dios, un reino de la paz.
En el tiempo de Isaías, el reino de Judá no más buscaba el camino de Dios, sino buscaba alianzas con naciones fuertes. Mucha gente pensaba que el camino de sobrevivir era prepararse por la guerra. También trataba de vivir como sus vecinos paganos, no poniendo su confianza en los caminos de Dios.
Mucha gente vivía en temor de una invasión de las grandes naciones vecinas. No había mucha esperanza de una salida de esta realidad. Había mucha injusticia a pesar de seguir rezando en el templo con una piedad desencarnada.
Pero, en medio de la oscuridad surgió un profeta, Isaías, que llamaba al pueblo a una conversión y le dio una visión de esperanza. El pueblo de Judá y todas naciones van a encontrar en la Casa de Dios la ciudad de paz.
Pero, el encuentro con el Dios de la Paz provoca cambios.
El pueblo va a acercarse a Dios, escuchando la Palabra de Dios y convirtiéndose. La conversión va a provocar cambios en la vida. No más ponen su confianza en armas; “harán arados de sus espadas y sacarán hoces de sus lanzas….no se adiestrarán para la guerra.” Pero, can a caminar en la luz del Señor.
Isaías nos ofrece una visión de esperanza, pero una esperanza que se manifiesta en cambios personales, comunitarias y aún de naciones. Es un desafío para todos que ponen su confianza en Dios.


ORACIÓN del Papa San Juan XXIII:
Señor Jesucristo, que eres llamado Príncipe de la Paz,
que eres Tú mismo nuestra paz y reconciliación,
que tan a menudo dijiste: "La Paz contigo, la paz les doy."
Haz que todos hombres y mujeres den testimonio
de la verdad, de la justicia y del amor fraternal.
Destierra de nuestros corazones cualquier cosa
que podría poner en peligro la paz.
Ilumina a nuestros gobernantes
para que ellos pueden garantizar
y puedan defender el gran regalo de la paz.
Que todas las personas de la tierra
se sientan hermanos y hermanas.
Que el anhelo por la paz se haga presente
y perdure por encima de cualquier situación.

Saturday, November 12, 2016

Vivir la misericordia en el mundo

Homilía domingo 33 del tiempo ordinario, ciclo C
Malaquías 3, 19-20a; 2 Tesalonicenses 3, 7-12; Lucas 21, 5-19

Borrador de mi homilía en Quezalica, Copán, el 13 de noviembre, cerrando la Puerta Santa del Año de la Misericordia.

Hoy cerramos la puerta santa en este santuario. El próximo domingo el papa Francisco cerrará el Año Santo de la Misericordia en Roma.

Hemos pasado por la puerta santa de la misericordia, hemos vivido un año de la misericordia, pero todavía en el mundo encontramos mucha violencia, engaño, corrupción, pobreza, muerte. Aparece que no hay misericordia en nuestro mundo. A veces aun encontramos una falta de misericordia y comprensión dentro de la iglesia.

Primero, tenemos que reconocer la falta de misericordia -  en nosotros mismos, en nuestras familias y comunidades, en la iglesia y en el mundo. No podemos cambiar, no podemos convertirnos si no reconocemos nuestros pecados contra la misericordia. Tenemos que encontrar la realidad.

Pero, a veces la falta de misericordia en el mundo nos llena de pavor, de temor: guerras, revoluciones, terremotos, epidemias y hambre.

En el evangelio de hoy, Jesús reconoce los malos y eventos atemorizantes de su tiempo. Pero, las guerras y los desastres no non signos del fin del mundo. Pero, frente a todo, ¿qué hacer?

No tengan miedo. No permiten que el pánico les domine. Porque hemos encontrado el Dios de la misericordia.

Cruzando la puerta santa, hemos entrado un santuario, un lugar de la misericordia de Dios – experimentado más que todo en la eucaristía y en el sacramento de la reconciliación. Aquí podemos encontrar el Dios de la misericordia, o, como escribió el profeta Malaquias, en medio de la oscuridad de mal, encontramos “el Sol de justicia…con curación en sus alas”.

Pero, tenemos que salir del santuario, regresando a nuestras aldeas, nuestros barrios, cerrando la puerta santa atrás de nosotros.

¿Salimos como testigos de la misericordia? ¿Estamos dispuestos de cambiar nuestros hábitos de retribución, de venganza, de falta de comprensión?

Si, podemos comenzar a cambiar nuestro querido país de la violencia, de la corrupción, de la falta de dialogo, de la injusticia.

Pero si damos testimonio de la misericordia de Dios, hay la posibilidad de sufrir la persecución.

Tal vez vamos a ser perseguidos – como algunas defensores del ambiente y de los derechos humanos. Tal vez vamos a sufrir chisme o mala fama. Pero, Dios quiere que seamos fieles a Él, fieles a su visión de la misericordia.

La persecución nos da la oportunidad de dar testimonio. Las dificultades nos da la oportunidad de responder como testigos de la misericordia de Dios – perdonándoles.

En todo debemos recordar la presencia de Dios con nosotros. Recordándola, podemos mantenernos firmes en la fe, en la caridad – viviendo con esperanza porque sabemos que, como Jesús dijo, “no caerá ningún cabello de ustedes” ¡Este e algo que yo sé por experiencia!

Las últimas palabra del evangelio nos da esperanza:

“Con tu perseverancia salvarán sus almas”. El Señor estará con nosotros cuando hablamos en su nombre, cuando damos testimonio de su misericordia en nuestra vida cotidiana – amando a nuestra familia, perdonando a nuestros enemigos, solidarizándonos con los marginados, dando acogida al extranjero, trabajando en nuestras aldeas y barrios por la paz y la justicia.

No es algo fácil, yo no se termina en un día, ni un año – aun un año de la misericordia. Vivamos la misericordia cada día.

“Es un llamado a la constancia, a la perseverancia, a seguir firmes en la esperanza”.

Entonces, cuando salimos de acá, cuando la puerta santa está cerrada, es tiempo de llevar la misericordia que hemos vivido este año en la iglesia hasta donde vivimos y trabajamos.

El año de la misericordia está terminado. Podemos ir viviendo la misericordia en el mundo todos los días.


Cada puerta abre a dentro y a fuera. Hemos entrado a dentro. Ahora es tiempo salir afuera – con la misericordia de Dios.