Wednesday, July 20, 2016

SENTADOS A LOS PIES DE JESÚS Y DE LOS POBRES

Homilía del Domingo XVI del Tiempo Ordinario, Ciclo C

 17 de julio de 2016, Dulce Nombre de María

 Hermanas y hermanos, paz y bien.

 En el evangelio que acabo de proclamar encontramos Jesús visitando sus amigas queridas, Marta y María. Es una historia que muchos conocen.

Hay ellos que interpretan la historia como una enseñanza sobre la relación entre la vida activa y la vida contemplativa. Pienso que hay otras maneras de interpretarla.

María está sentada a los pies de Jesús. En su tiempo, un discípulo era el que se coloca a los pies del maestro, escuchando y aprendiendo; y los discípulos eran varones.

Entonces, en el Evangelio, encontramos a María, sentada como discípula a los pies de Jesús.

Marta, su hermana, fue la mujer acogedora, buscando a servir a su querido huésped, Jesús. Tal vez trabajaba en la cocina, “muchas cosas [la] preocupaban y [la] inquietaban” como sugirió Jesús.

Marta tal vez fue molesta porque María no le estaba ayudando. Pero, tal vez ella no pudo entender como una mujer podría asumir la posición de un discípulo: “No es permitido. Solamente los varones pueden ser discípulos y ponerse a los pies del maestro”.

Si este no era lo que pensaba Marta, es muy posible que los primeros hombres que escucharon la historia se pusieron molestos: “Una mujer no puede ser discípulo; no es permitido”. La mujer debe ocuparse con las cosas de la casa – limpiando, cocinando, lavando, barriendo, tortillando. María debe hacer las cosas de la mujer y dejar las cosas de la iglesia a los varones.

Pero, para Jesús, María ha “escogido la mejor parte”. Jesús abre el discipulado a todos y todas – varones y mujeres, cultos y analfabetos, ricos y especialmente los pobres, campesinos. Todas las personas pueden ser discípulas y discípulos, laicos y clero, viejitos y niñas.

Ser discípulo es tener una relación íntima con Jesús. Nada importa el estatus, el género. El discipulado es una llamada a la intimidad con Jesús.

Acoger a los extranjeros es importante, es central a la vida de fe. Como leemos en la carta a los Hebreos, “No dejen de practica la hospitalidad; pues saben que algunos dieron alojamiento a ángeles sin saberlo”.

Las personas que sirven a los visitantes son como Abraham que abrió las puertas de sus casa y dio alimentación a los tres visitantes. Le pide a su esposa y sus sirvientes a preparar una rica comida de carne de res y pan; el mismo buscó el requesón y leche. Después él les sirve –

Hoy es la primera vez que predico como diácono. Proclamando el Evangelio y predicando son esenciales para el ministerio del diácono – pero no son suficientes.
El diácono no es ordenado al sacerdocio, sino al servicio a la comunidad, especialmente a los pobres, enfermos, viudas y marginados. No soy sacerdote; tengo otra vocación que es más que todo la vocación de servicio, porque, como dijo Santo Papa Juan Pablo II, “Esto es central al Diaconado al que ustedes han sido llamados: ser siervos de los misterios de Cristo y, al mismo tiempo, servidores de sus hermanos y hermanas. Que estos dos están unidos inseparablemente en una realidad muestra la importante naturaleza del ministerio que es suyo por su ordenación.”

El diácono es, en algunas maneras, como Marta, tratando de hacer todo lo que tenemos que hacer para Jesús, especialmente en la persona del enfermo y pobre. Pero, si el diácono no está sentado a los pies de Jesús, escuchando su voz, él es como una ONG, solamente haciendo obras – aun obras buenas. No es un icono de Cristo el Servidor.

Mi ministerio es un ministerio de la Palabra, del Altar y de la Caridad.

Entonces, hoy les invito sentarnos a los pies del Señor, escuchándolo hablando en las Sagradas Escrituras. Reunimos alrededor al Altar, la mesa del Señor, en la Eucaristía, alimentándonos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y, alimentados por la Palabra y la Eucaristía, abramos nuestros corazones y aun nuestros hogares a los forasteros y salgamos de nuestras casas e iglesias a los enfermos, los ancianos, los necesitados.

Seamos signos, iconos de Cristo que vino no para ser servido, sino para servir y dar su vida por el rescate de muchos.

Seamos como Abraham y seamos como María y Marta – escuchando al Señor y sirviendo a los demás como Cristo vino para servirnos. Tenemos que sentarnos a los pies de Jesús, escuchándole, y sentarnos a los pies de Jesús en los pobres lavándolas y besándolas.


TEXTOS DEL LECCIONARIO
Génesis 18, 1-10a
Salmo 14 (15)
Colosenses 1, 24-28
Lucas 10, 38-42

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