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Friday, November 1, 2019

La Comunión de los Santos


La Solemnidad de Todos Los Santos
Homilía en el campo santo de Oromilaca, Santa Rosa de Copán, Honduras

Apocalipsis  7, 2-4. 9-14
1 Juan 3, 1-3
Mateo 5, 1-10

Celebramos hoy y mañana – la comunión de los santos, los llamados por su bautismo de ser santos – de manifestar la santidad de Dios.

Los santos nos muestran el amor de Dios – en diferente maneras. Ningún santo es una copia del otro. Cada uno en su manera ha vivido la santidad de Dios.

Las bienaventuranzas que hemos escuchado en el evangelio de hoy, nos enseña como vivir – felices y santos. Nos muestra como es Dios. No son meramente sugerencias. Son las pistas de la vida en Cristo.

Hay santos que son “pobres de espíritu” – como San Francisco y Santa Clara.
Hay santo que son “mansos” – como San Martín de Porres y Santa Rosa de Lima
Hay santos que han llorado – como Santa Mónica, llorando por la conversión de su hijo, Agustín
Hay santos que han tenido hambre y sed de justicia, como el santo obispo, San Óscar Romero.
Hay santos que han mostrado la misericordia de Dios, como Santa Madre Teresa de Calcuta.
Hay santos que han dado sus vidas, perseguidos por la causa de justicia, como San Maximiliano Kolbe y los beatos fray Tulio Marruzo y Luis Obdulio Navarro, mártires de Guatemala.

Y hay muchas personas más,  que no han sido reconocidos por la iglesia, pero nos han mostrado el amor, la santidad de Dios.

Hoy estamos “rodeados de una nube tan grande de testigos” – que nos inspiran e interceden por nosotros ante Dios.

Pero, hoy, estamos rodeados por los sepulcros de los que han pasado de este mundo, nuestros seres queridos, los fieles difuntos. En sus vidas, habían – como en las nuestras – momentos de pecado y momentos de gracia. Han manifestado el amor de Dios, tal vez a medias – y, entonces, necesitan la purificación del amor de Dios y nuestras oraciones.



Rezamos por ellos para que ellos pueden experimentar al Dios, con su amor, cara a cara.
Recordamos que somos hijos de Dios, pero “aún no se ha manifestado cómo seremos al fin”. Estamos acá rezando por los fieles difuntos, esperando  que Dios los purifique.
“Todo el que tenga puesta en Dios esta esperanza, se purifica a sí mismo para ser tan puro como Él”.

Finalmente, nosotros, miembros de la comunión de santos,  estamos llamados de ser santos.
Pero hay una tentación de ver los santos como super-héroes, pero el Papa Francisco nos recuerda de reconocer “los santos de la puerta de al lado,” los personas santas que nos muestra la santidad en la vida cotidiana – cuidando a los niños, sembrando frijol, estudiando en la escuela, haciendo tortillas, construyendo casas y familias.

En Gaudete et exsultate,  el papa escribió:
7. Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad».
8. Dejémonos estimular por los signos de santidad que el Señor nos presenta a través de los más humildes miembros de ese pueblo que «participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad».

Hoy celebramos el misterio de la comunión de los santos – los que viven completamente con Dios en el cielo, los fieles difuntos que todavía necesitan el amor purificante de Dios, y nosotros, aquí, viviendo en la tierra con todas las tentaciones pero también con toda la gracia que Dios nos ofrece cada día.

El mensaje para nosotros: SER SANTOS, mirando e imitando las vidas de los santos y rezando por los que han fallecido – para que todos podamos disfrutar el amor de Dios en la plenitud de su Reino – en la tierra como en el cielo.



Wednesday, October 31, 2018

Ser santos felices

La Solemnidad de Todos los Santos
1 Noviembre 2018

Mateo 5, 1-12
UNICAH Santa Rosa
Notas para una homilía

Hoy celebramos la solemnidad de todos los santos – un día para celebrar rodos los seres humanos que participan en la gloria de Dios y para recordarnos de nuestra vocación de la santidad.

Pero, “no pensemos solo en los ya beatificados o canonizados” (Papa Francisco Gaudete et Exsultate Gaudete et Exsultate 6). Sino, queremos recordar a todos los hombres y mujeres que han tratado de vivir en Dios en su vida cotidiana.

Pero, hay una tentación de poner los santos en un pedestal. Por eso, nosotros no podemos alcanzar la santidad. Imaginamos los santos como perfectos.  No eran. :os santos son los que dejaron que Dios los hiciera santos a través de sus debilidades. No son superhéroes, son hombres y mujeres, seres humanos, pecadores que fueron transformados por la gracia de Dios.

Por eso, la sierva de Dios, Dorotea Day, una vez dijo, “No me llaman santa; no quiero que me despiden tan fácilmente”.

Hace dos semanas, participé en la misa de canonización de Monseñor Romero, el Papa Pablo VI y cinco otras personas.


Monseñor Romero no era un hombre perfecto. Yo recuerdo lo que me dijo un amigo sacerdote salvadoreño. Romero fue a un cantón y estaba un poco brusco con algunos campesinos. Pero les pidió perdón.  

El sábado pasado estaba en la Misa de la beatificación de un sacerdote franciscano y un laico catequista en Guatemala. El laico ayudaba en la parroquia como chofer, llevaba a los enfermos al hospital, y hacía reparaciones sencillas. En el imagen oficial, Beato Luis Obdulio Arroyo anda con pantalones azules, blue jeans, como muchos trabajadores de América Central.


Hacía muchos años, me encontré con Dorotea Day en la casa Trabajador Católica, en Nueva York donde ella vivía y servía a los pobres. Al fin de un seminario estábamos arreglando el salón y ella estaba allá. Para mí, apareció como una abuelito – sencilla, pero valiente.

Me encanta la historia de un beato italiano, Alberto Marvelli, que murió en el año 1946, teniendo 28 años. Fue ingeniero, líder de un grupo de la Acción Católica, que ayudaba mucho as los pobres. Lo que me gusta mucho es su acción en durante de la ocupación de los Nazis en su ciudad, Rimini. Para liberar los que iban a estar deportados a los campos de concentración, él quebró los candados de los vagones de los trenes y salvó a muchos de la muerte.  

Estos santos y otros son ejemplos para nosotros. Pero, como escribió el Papa Francisco en  Gaudete et Exsultate, 11:
“Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él”.

Pero, ¿ como ser santos?

La santidad se vive en los detalles de la vida cotidiana, en pequeños gestos, come dice el Papa Francisco. En esta manera, mostramos nuestra relación íntima con Jesús.

En la búsqueda de la santidad, de la relación con Jesús, ¿que debe guiarnos?

Tal vez ustedes han visto los rótulos en la carretera a San Pedro Sula y otros lugares con los diez mandamientos. Están buenos.

Pero, Jesús nos ha dado algo que completa los mandamientos y nos ofrece el camino al Reino de Dios – las bienaventuranzas que hemos escuchado en el evangelio de hoy (Mateo 5, 1-12)

"Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos".

Debemos hacer de las bienaventuranzas la magna carta de nuestra vida como el Pueblo de Dios. Debemos usar las como examen de conciencia. Debemos inscribirlas en nuestras corazones.

Tengo una sugerencia para todos ustedes. Hay 30 días en noviembre. Hay 10 bienaventuranzas en el evangelio según San Mateo.

Recomiendo que meditemos cada bienaventuranza por tres días.
En el primer día, meditemos el texto – ¿Qué me dice en esta bienaventuranza? ¿Qué me pide ser? ¿Qué estoy haciendo para vivirla?
En el segundo día, meditemos el pasaje de la Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate del Papa Francisco que explica la bienaventuranza? (Gaudete et Exsultate, 63-94)
En el tercer día, en oración pensemos de los santos y santas que han vivido la bienaventuranza. Pueden ser santos reconocidos por la iglesia o santos “de la puerta a lado”.

Jesús nos invita a ser santos. Como escribió el Papa Francisco:
Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. (Gaudete et Exsultate, 14)

En esta manera – con oración y acción – podemos encontrar la verdadera felicidad, la alegría de ser hijas e hijos de Dios, santos.
Citando otra vez al Papa, les aviso:
No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. (Gaudete et exsultate, 32)

Para terminar, quiero leer una cita de las notes de Monseñor Romero de su último retiro, apenas un mes antes de su martirio:
…mi disposición debe ser dar mi vida por Dios cualquiera que sea el fin de mi vida.
Las circunstancias desconocidas se vivirán con la gracia de Dios. El asistió a los mártires y si es necesario lo sentiré muy cerca al entregarle mi último suspiro. Pero que más valioso que el momento de morir es entregarle toda la vida y vivir para él.


Ícono de los nuevos mártires,
La Basilica de San Bartolomeo, Roma