Sunday, March 5, 2017

Negando la humanidad

Génesis 2, 7-9; 3, 1-7
Mateo 4, 1-11

Borrador de una homilía para el primer domingo de cuaresma, ciclo A

“serán como dioses” 
Génesis 3.5
“Si tú eres el Hijo de Dios…” 
Mateo 4. 6

La tentación es una parte de la vida humana – aún Jesús, Dios hecho hombre, fue tentado en el desierto.

Satanás, el que impide, siempre busca una manera de socavar nuestro destino – Dios. Recuerda lo que escribió San Agustín: “…nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti…”

Adán y Eva tenían todo lo que necesitaban en el jardín – incluyendo la presencia de Dios. Caminaban con Dios, dice las escrituras, a veces a la hora de la brisa de la tarde”.

Pero, para ellos, no era suficiente de descansar y caminar con Dios. Quisieron ser como dioses, con poder, acaparando a la creación, dominando.

Adán y Eva negaron su propia humanidad – hecha en la imagen de un Dios bondadosa.

¿Cuántas veces queremos controlar a la creación, a las otras personas, aún a Dios – haciéndole a Dios en nuestra imagen?

Jesús también fue tentado, no en un jardín, sino en el desierto. Satanás llegó, ofreciéndole control, dominación, poder. En una manera, Jesús estaba tentado de negar su humanidad.

Jesús es Dios hecho hombre. Jesús fue al desierto después de su bautismo en el Jordán por Juan el Bautista. En el desierto contemplaba su misión.

Satanás ofrece una visión de la misión que niega la humanidad suya – el sufrimiento, el rechazo, la impotencia.

Como muchos judíos de su tiempo, a veces queremos un Dios todopoderoso, que no sufre, que no está rechazado, que tiene todo el poder del mundo.

Pero Jesús no cayó en la tentación. Reconocía su humanidad, sin negar su divinidad. Nos muestra un Dios que sufre con nosotros, que no se calla para evitar estar rechazado, que no usa la fuerza o la violencia para atraer la gente.

Nos da la fuerza para resistir la tentación.

¿Cuáles son nuestras tentaciones?

Saturday, February 18, 2017

La revolución del amor al enemigo

"Ama a su enemigo"
Mateo 5, 38-38

Notas para una homilía
Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

El 13 de mayo de 1981, Mehmet Ali Agca trató de asesinar al Papa San Juan Pablo II. Cuatro días después, de su cama en el hospital, el Papa dijo: "Rezo por el hermano que me ha disparado, a quien sinceramente he perdonado". Dos años después, el Papa lo visitó en la cárcel. En una sala privada, los dos hombres se sentaron frente a frente, cara a cara, el Papa agarrando la mano de su potencial asesino, y perdonándole.

El papa explicó:
“La verdadera paz no tiene que ver sólo con estructuras y mecanismos. Realmente sobre lo que descansa es sobre la adopción de un estilo de vida de coexistencia humana marcada por la aceptación mutua y la capacidad de perdonar de corazón. Todos necesitamos ser perdonados por otros, entonces todos debemos estar listos para perdonar. Pedir y dar perdón es algo de lo que cada uno de nosotros merecemos profundamente.” 

En el Sermón de la Montaña, en el evangelio de hoy, Jesús nos ofrece una nueva manera de responder a un opresor o enemigo – no con venganza u odio, sino con una respuesta creativa que podría cambiar una situación de conflicto o violencia.

Presentar la otra mejilla cuando alguien le pega en la derecha, no es un acto de pasividad. En el tiempo de Jesús pegar a la mejilla derecha era un insulto que usualmente solo dio a una persona inferior; presentando la otra mejilla, la persona abofeteada muestra al otro que es una persona con dignidad, igual al que lo pegó. Es una manera de cambiar la relación entre las dos personas, invitando al otro que lo respete con dignidad, un ser humano igual como él.

Amar al enemigo no es fácil. Pero, el perdón puede crear la posibilidad de un cambio de la persona que le ofendió. Jesús nos dio el ejemplo en la cruz, “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23, 24).

Amar a un enemigo no significa que aceptamos todo lo que hizo. Amar a un enemigo es querer el bien del otro, a veces es querer que cambie  su estilo de vida o cese una acción en contra de nosotros u otras personas.

Amar al enemigo puede ser un don a la otra persona, ofreciéndola la oportunidad de cambiar su vida. Regañándola o señalándola puede hacerla más defensiva; pero, amándola puede ser un camino al cambio y a la reconciliación.


En un ambiente de venganza o retribución, de un ojo por un ojo, perdonando al enemigo es un paso para preparar el camino para la verdadera reconciliación.

escultura de reconciliación, Coventry. Inglaterra

Saturday, January 28, 2017

LAS BIENAVENTURANZAS PARA HOY

Notas para una homilía, 4 Domingo Tiempo Ordinario Ciclo !

Sofonías 2,3; 3, 12-13
Salmo 146 (145)
1 Corintios 1, 26-31
Mateo 5, 1-12

Hoy la iglesia nos da un banquete de lecturas.


Pero, primero, quiero leer algunos versículos del salmo:

Ama el Señor al hombre justo
Y TOMA AL FORASTERO A SU CUIDADO.
A la viuda y al huérfano sustenta 
Y TRASTORNA LOS PLANES DEL INICUO.

Yo vengo acá con tristeza. Ustedes tal vez han escuchado de los planes del Presidente Trump para fortalecer un muro entre los Estados Unidos y México.  Tal vez han escuchado que está previniendo la entrada de personas de varios países del Medio Oriente. Hay personas del Medio Oriente con visas que no están permitiendo entrar a los Estados Unidos.

Quiero, como ciudadano de los EEUU, pedirle perdón a Dios y pedirles perdón a todo el mundo por este pecado. El Señor, como dice el salmista, “hace justicia a los oprimidos”.

Señor, ten piedad de los Estados Unidos.

Pero, hay un mensaje para nosotros acá en Honduras.

Dios es un Dios que ama a las personas justas.

¿Quiénes son?

Los dichosos, los bienaventurados.

La primera bienaventuranza es: “Dichosos los pobres del espíritu…” o, mejor, “dichosos los que tienen el espíritu del pobre”.

Hay pobres que tienen el espíritu del rico – que quieren acaparar toda la tierra, que quieren amontonar dinero, que quieren contralar a todo y a todos.

Jesús no dice que ellos son dichosos.

Como dice el profeta Sofonías, los dichosos ante los ojos de Dios, son los que buscan al Señor,  los que buscan la justicia, que buscan la humildad. Son el pueblo de Dios, “un puñado de gente pobre y humilde”.

Humildad no quiere decir que somos sin valor. No, humildad es la actitud de una persona que reconoce que su dignidad es un don de Dios, que su felicidad viene de su confianza en Dios.

Es una persona que toma en serio lo que escribió San Pablo a los corintios:
Dios ha elegido a los ignorantes de este mundo, para humillar a los sabios; a los débiles del mundo, para avergonzar a los fuertes; a los insignificantes y despreciados del mundo, es decir, a los que no valen nada, para reducir a la nada a los que valen…

Nosotros podemos ser el pueblo escogido de Dios, no por ser grandes, cultos, inteligentes. Dios utilizan nuestras debilidades para cambiar el mundo, para derribar los que piensan ser grandes.

Nosotros podemos hacerlo tratando de vivir las bienaventuranzas:

      Dichosos, bienaventurados, felices
            los que tienen el espíritu del pobre
            los mansos, los humildes
            los que lloran con los que sufren
            los que tienen hambre y sed de la justicia de Dios y viven la justicia en la vida diaria
            los misericordiosos
            los limpios de corazón, que buscan solamente la voluntad de Dios
            los artesanos de la paz
            los perseguidos por cause de la justica de Dios

Esta semana, abren sus biblia y leen Mateo 5, 1-12.
¿Cómo podemos vivir las bienaventuranzas en nuestra vida cotidiana?

Oremos:
      Hágame, Señor, pobre de espíritu.

      Hágame, Señor, humilde y manso de corazón.
      Hágame, Señor, un instrumento de tu paz.
      Dame, Señor, el hambre y sed de tu justicia.
      Dame, Señor, un corazón limpio.
      Dame, Señor, la compasión y la misericordia.
      Atiéndame, Señor, en tiempos de tristeza y llanto, en tiempos de persecución.
Ayúdame, Señor, de vivir las bienaventuranzas en mi vida diario y, en esta manera, encontrar tu bendición y felicidad.

AMÉN.