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Sunday, April 16, 2023

Tocar las llagas - Domingo de la Misericordia

2 Domingo de la pascua o de la Misericordia 
ciclo A 
16 de abril de 2023 

 Hechos de los Apóstoles 2, 42-47 
1 Pedro 1, 3-9
Juan 20, 19-31 

Borrador de una homilía 



El Señor resucitó. Y los apóstoles no creyeron. Reunieron con puertas cerradas, por miedo. 

Y Jesús pasó por las puertas cerradas, como siempre, y “les mostró las manos y el costado” Miren mis llagas, mis heridas, dice. 

Toquen las heridas. 

 Tomás no estaba con ellos esta noche. 

A veces platicamos de Tomás como el que dudaba, pero creo que es importante reconocer Tomás como el que profesó Jesús “Señor mio y Dios mio”. 

Cuando entra, Jesús dice a Tomás – “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Jesús le invitó a tocar las heridas, las llagas.

Acabo de leer un libro de un sacerdote checo, psicólogo, sociólogo, teólogo, Tomás Halik, que fue ordenado clandestinamente cuando los comunistas gobernaba su país – tocar las heridas. 

Cristo nos invita a tocar sus heridas, porque “la ‘puerta para los Tomases dudosos’ es la puerta de las heridas” (Halik).

Pero, para nosotros ¿dónde encontramos las heridas de Cristo? 

“Jesús estaba identificado con todos los pequeños que sufren. En otras palabras, todas las heridas dolorosas y toda la miseria humana en el mundo son las heridas de Cristo” (Halik). Recuerda como Jesús se identifica con los vulnerables en el juicio final del Mateo 25.

Para citar a Padre Tomás Halik: 

La humanidad es una condición para vivir una fe auténtica. Y él todavía dice: "No puedo creer hasta que no toco las heridas, el sufrimiento del mundo, porque todas las heridas dolorosas, todas las miserias del mundo y de la humanidad son las heridas de Cristo. No tengo derecho a confesar a Dios si no lo tomo en serio el sufrimiento de mi prójimo. Esa fe que quisiera cerrar los ojos ante el sufrimiento de la gente, es sólo una ilusión". La fe nace y renace solo de las heridas de Cristo crucificado y resucitado, visto y tocado en las heridas de la humanidad. Sólo una fe herida es creíble. (Halik, citado por Cardenal Tagle) 

Hay que tocar las heridas de Cristo, incluyendo las heridas del Cristo sufriendo en nuestros hermanos y hermanas y aún nuestras propias heridas. 

Si tocamos las heridas, vamos a hacernos como la comunidad cristiana de la primera lectura, viviendo en comunidad fraternal, orando y reuniendo para la fracción del pan. Y más, vamos a tener todo en común, con ningún pobre entre nosotros, porque hemos hecho el sufrimiento de lo demás lo nuestro. partiendo la pan en la mesa de nuestras casas.

Pero ¿cómo hacerlo, como tocar las llagas del Cristo, del prójimo y nosotros mismos? Una oración de Sant Faustina Kowalska de su diario del año 1937, nos muestra como tocar las llagas de Cristo, del prójimo, y de nosotros. Recen la oración conmigo.
Deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti, oh Señor. Que este más grande atributo de Dios, es decir su insondable misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo. 
Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla. 
Ayúdame, oh Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos. 
Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos. 
Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas. 
Ayúdame, oh Señor, a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo. 
Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. A nadie le rehusaré mi corazón. Y yo mismo me encerraré en el misericordiosísimo Corazón de Jesús. Soportará mis propios sufrimientos en silencio. 
Que tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí.
Así rezaba Santa Faustina. 

Entonces, ayúdanos ser misericordiosos como Tú, Señor, tocando tus llagas, y las llagas y heridas de todos nuestros prójimos y aún nuestras propias llagas. 

¿Por qué?

Por tus llagas nos salvas y sanas.




Saturday, January 28, 2023

Ser bienaventurados, dichosos

Notas para una homilía 
cuarto domingo del tiempo ordinario, ciclo A 
  Sofonías 2, 3; 3, 12-13 
2 Corintios 1, 26-31 
Mateo 5, 1-12a 

 Entre Plan Grande y San Agustín, he visto diez rótulos con los diez mandamientos. También, he visto los rótulos en otros lugares, incluyendo la carretera internacional antes de La Entrada. No sé quiénes los pusieron. Está bueno. 

Pero, tengo una pregunta. ¿Por qué no han puesto rótulos con las bienaventuranzas que acabamos de escuchar en el evangelio?

Las bienaventuranzas y las otras enseñanzas de Jesús que encontramos en capítulos cinco y seis del evangelio según san Mateo son como la Magna Carta de nuestra fe. Nos muestran como ser seguidores de Cristo, viviendo los valores del Reino de Dios.

Pero ¿quiénes son el pueblo de Dios? Como dijo el profeta Sofonias, los humildes y los que buscan la justicia:
“Busquen al Señor, ustedes los humildes de la tierra, los que cumplen los .mandamientos de Dios. Busquen la justicia, busquen la humildad”.
Yo creo que no hemos puesto rótulos de las bienaventuranzas porque son tan fuertes que nos acusaron de ser revolucionarios – no de tipo violento sino de los que quieren cambiar al mundo. 
  • "Dichosos los pobres de espíritu…” – no los ricos, los que acaparan los bienes del mundo, sino los que saben compartir. 
  • “Dichosos los que lloran” – no los no miran las lágrimas de tanta gente, sino nosotros cuando compartimos con los que sufren, que lloran. 
  •  "Dichosos los sufridos – o, mejor, los humildes" – no los que quieren la fama, que quieren estar encima de los demás, sino los que reconocer comparten su dignidad con todos los pequeños del mundo. 
  • "Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia" – no los que tratan de hacer leyes para beneficiar a sí mismos o manipular leyes para quedarse en poder sino los que luchan por la justicia. 
  • "Dichosos los misericordiosos" – no los sin empatía, que piensan solo en sí mismos y no pueden ver el sufrimiento de los al su alrededor – sino los que responden con amor a las necesidades de sus prójimos. 
  • "Dichosos los limpios de corazón" – no los que buscan el placer sobre todo o que utilizan a los demás para su propio poder, sino los que respetan a los demás especialmente las mujeres, los niños, los ancianos y los pobres.
  • "Dichosos los que trabajan por la paz" – no los que levantan quejas solamente para ganarse de los demás o guardar venganzas, sino los que buscan la reconciliación y la verdadera paz que es fruto de la justicia. 
  • "Dichosos los perseguidos por causa de la justicia", - no los que gritan por la justicia, pero no hacen nada en favor de los marginados y descartados – sino los que luchan por la paz y la justicia. 
  • "Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía", – no los que buscan el aplauso de la gente. (Los campesinos luchando por la tierra en el Aguan o los que quieren preservar sus territorios antes los que acaparan tierra, aun cementerios, en busca del dios oro.) 

El camino del Señor es muy diferente – como San Pablo escribió a los corintios, una comunidad cómoda.
Dios ha elegido a los ignorantes de este mundo, para humillar a los sabios; a los débiles del mundo, para avergonzar a los fuertes; a los insignificantes y despreciados del mundo, es decir, a los que no valen nada, para reducir a la nada a los que valen; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios.
No podemos presumir delante de Dios – pero podemos responder a la gracia y el amor de Dios haciendo de las bienaventuranzas la regla de nuestras vidas: 
  • pobres en espíritu, compartiendo con los pobres 
  • llorando con los que sufren 
  • humildes, reconociendo la dignidad de ser pequeños en el Reino de Dios 
  • hambrientes de la justicia, luchando con los empobrecidos de la tierra 
  • misericordiosos, al lado de los enfermos, 
  • los despreciados, los descartados
  • limpios de corazón, respetando a todos 
  •  trabajando por la paz, buscando crear puentes en vez de muros 
  • perseguidos por la causa de la justicia, sin temor de ofender los ricos y poderosos del mundo 
Si tratamos de seguir a Jesús en esta manera, aunque fallamos mucho, Dios nos dará la verdadera alegría de ser sus hijas e hijos, constructores con Él del Reino del amor, justicia y paz. Dichosos seremos. 

Sunday, February 6, 2022

Dios nos llama - no hay excusas

Quinto domingo del tiempo ordinario - Ciclo C 
Isaías 6, 1-2a.3-8; 1 Corintios 15, 1-11; Lucas 5, 1-11 

Borrador de una homilía
“El hilo conductor de las lecturas [de hoy] es la llamada”. (Bíblico 2022

Hemos escuchado a Dios llamando al profeta Isaías, al pescador Simón (Pedro) y al Pablo (el “último entre los apóstoles”).

Dios no solamente llama a estos grandes hombres. Viene a encontrarnos, cada uno de nosotros, donde estamos, y a llamarnos a ser sus seguidores, y a la conversión. 

A veces sentimos, como Isaías, Pedro y Pablo, perdidos, impuros, indignos, pecadores, sin méritos, incapaces. Pero, a pesar de todo, Dios nos llama porque él ve algo bueno en cada uno de nosotros y tiene una misión para mí y para usted.

Podemos tratar de decirle algunas excusas, pero todavía nos llama. 

Isaías dijo que estaba un hombre de labios impuros; Simón Pedro le dijo a Jesús, “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”; Pablo se llama a sí mismo como un aborto. 
 
Pero Dios los purificó, los perdonó, los dio la fuerza; y él nos purifica, nos perdona, nos da la fuerza – no importa si nos sentimos reventados, inútiles, indignos. 

A veces Dios nos llama porque estamos débiles, no confiándonos en nuestras fuerzas o nuestros méritos sino en la gracia del Señor. Como Pablo escribió a los corintios, “no merezco el título de apóstol…. [Pero] gracias a Dios soy lo que soy, y su gracia en mí no ha estado inútil, no ha resultado estéril”. 

Dios nos llama a la conversión y a la misión – cada uno de nosotros. Es pura iniciativa del Dios. Él viene cada día llamándonos. Viene a encontrarnos y llamarnos. 

A veces la llamada es un evento espectacular – como con San Pablo cuando Jesús le apareció en el camino a Damasco, o como con Isaías en una visión en el templo, o como con Simón Pedro en la pesca milagrosa.

Pero, muchas veces las llamadas a la conversión o la misión vienen en el medio de la vida cotidiana – y solamente tenemos que reconocer que Dios está llamándonos.

Las llamadas espectaculares son como eventos que nos empujan a la acción. Tal vez conoce a un alcohólico que experimentó un momento en que decidió de dejar beber. Pero, la conversión, la llamada a la misión, no es un solo evento. Según la sabiduría de Alcohólicos Anónimos, la persona tiene que renovar su decisión cada día – y no puede hacerla sin la ayuda de Dios. 

A todos nosotros, Dios sigue llamándonos a la conversión permanente – cada día llamándonos a la misión del día. Porque la conversión es un proceso en curso.

También, la misión asumida no siempre es la misma – a veces Dios nos llama a ser y hacer algo más y tenemos que estar atentos a la llamada de Dios. 

 Porque Dios nos llama cada día, usualmente en lo cotidiano para vivir como hijos e hijas de Dios, como discípulos-misioneros, protagonistas del Reino de Dios – algunos con un cargo en la iglesia, pero para la mayoría como signos del Reino de Dios donde estamos – en la familia, en el trabajo, o en la escuela.  Tal vez Dios está llamándonos en el enfermo o la anciana que le gustaría una visita, o en las personas pobres que nos llama a ayudar en sus necesidades. Tal vez Dios está llamándonos a abogar para las víctimas de injusticia o violencia doméstica. Tal vez Dios nos llama a hacer algo muy sencillo - saludando alguien que está triste o se siente abandonados. con una sonrisa o una palabra.  

Cada persona – desde el niño al anciano – tiene una misión. No hay excusas. 

Porque Dios nos llama y nos da el perdón y la fuerza que nos falta. 

Dios nos llama hoy a la conversión, a la misión - ¿Cómo va a vivir la misión hoy?

Friday, September 4, 2020

Una comunidad en búsqueda de la reconciliación

Los pasos de la paz

Notas para una homilía 
Domingo Vigésima tercera semana
tiempo ordinario ciclo A

Ezequiel 33,7-9

Romanos 13, 8-10

Mateo 18, 15-20

 

 

“Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.

 

Dios está aquí. Reunidos en él, nosotros, la iglesia, el Pueblo de Dios, el Cuerpo de Cristo – Él está presente.

 

Pero, tengo una pregunta: ¿Reflejamos la presencia de Cristo entre nosotros en nuestras comunidades, nuestras asambleas dominicales? ¿Cómo podemos mostrar que Dios está aquí?

 

Pablo, escribiendo a la iglesia en Roma, nota lo esencial: “no tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo, porque el que ama al prójimo, ha cumplido ya toda la ley”.

 

Per, somos humanos, somos pecadores; pecamos en contra de Dios y las otras personas –en muchas maneras. A veces no estamos una comunidad unida, sino gente divida. A veces hay personas que no responden a la llamada a la santidad.

 

¿Qué hacer en una situación de falta de concordia y unidad? ¿Cómo responder a la presencia del mal entre nosotros?

 

No queremos conflicto, aunque el conflicto es una parte normal de la vida. Usualmente escogemos una de dos opciones – huimos o peleamos.

 

A veces, callamos para evitar conflicto, pero evitando hacer algo puede hacer la situación peor.

 

A veces, nos separamos de las personas, pero el conflicto puede hacerse como una herida que pudre por no tratarlo y exponerla al aire

 

A veces, peleamos, tratando de dominar al otro, buscando  vindicación o venganza.

 

Huyendo, evitando, peleando – no nos sirve para restaurar la comunidad.

 

Pero Jesús nos ofrece un proceso de restaurar la comunidad, de lograr una verdadera paz y reconciliación – no escondiendo el problema, el conflicto o el mal, pero buscando una manera de transformar la situación, promoviendo la restauración de relaciones entre la comunidad.

 

Jesús primero nos propone que acerquemos a la persona, a solas, cara a cara. No hablamos mal de la persona con otras personas, chismeando, y echándole la culpa. No evitamos de hablar directamente. Vamos al encuentro con la persona. No vamos a regañar, sino para ganarlo al otro como hermano, como hermana.

 

A veces, queremos preferimos castigarle a la persona. “Tú estás haciendo mal. No debes seguir en esto”. En estos momentos nos ponemos como jueces, como los buenos. No buscamos el bien del otro, sino nuestra superioridad, tratando de justificarnos. Somos los buenos.

 

Más bien, debemos acercarnos como hermanos-  no regañándole sino buscando caminos de reconciliación.

 

Pero,  a veces, el encuentro personal no sirve. En esto caso, Jesús sugiere que vayamos con una o dos otras personas. No vamos para presionarle al otro, sino para decirle que no es un conflicto personal pero es algo que afecta muchas personas. Nosotros queremos la reconciliación con él. Los dos o tres podemos mostrarle que nos preocupamos de él y su situación. No queremos dominarlo o presionarlo a hacer lo que pensamos. Venimos para estar con él, ayudándole a volver a la harmonía de la comunidad. ¿Por qué? Porque lo amamos como hermano, como hermana.

 

Si este no sirve, debemos buscar la ayuda de la comunidad, de la iglesia, no para castigarlo o echarlo afuera. Involucramos la comunidad no para castigarlos o para darle pena. Lo acercamos porque lo amamos y queremos su presencia entre nosotros.

 

Si todavía no hay cambio, no hay reconciliación, ¿qué hacer?

 

Hay que tener cuidado, porque a veces hemos torcido o malinterpretado las palabras de Jesús. A veces hay una mal traducción, como hoy. La traducción más fiel al texto griego es “Sea para ti como el pagano o el publicano”.

 

Muchas veces hemos dicho que deberíamos apartarnos de el.

 

Pero, tengo una pregunta muy concreta: “¿Qué hizo Jesús con los paganos y los publicanos?”.


Se acercó a ellos.

 

En, a los menos dos veces, Jesús sanó a la hijo o el siervo de paganos como hemos escuchado hace tres domingo con la mujer cananea.

 

Y, cuando Jesús se encontró con el publicano Mateo y el publicano Zaqueo, ¿qué hizo? Se invitó a cenar con ellos. No se puso encima de ellos, sino buscó una experiencia de acompañar al publicano.

 

En todo Jesús quiere restaurar relaciones, buscar lugares de hospitalidad para que la otra persona pueda encontrar una salida de su situación del pecado, de aislamiento.

 

Esto no quiere decir que no debemos buscar justicia. No, debemos buscar la justicia – no para tener venganza sino para la conversión del pecador, de la reintegración del pecador en la comunidad.

 

No estoy diciendo que tenemos que aguantar la injusticia, la opresión, la violencia. La mujer o niña abusada debe buscar la justicia para terminar con su sufrimiento. No hay reconciliación sin justicia. A veces la mujer tiene que salir de una situación de abuso. Pero, en todo, debemos buscar la salvación – de nosotros y del pecador.

 

¿Por qué? Porque tenemos un Dios que se hizo carne y dio su vida para reconciliaros con Dios y con nuestros hermanos y hermanas. Dios no dejó que el pecado siga. Vino para mostrarnos el camino – el camino de amor, el camino de justicia, el camino de reconciliación y el camino de vida en abundancia.




Saturday, August 17, 2019

La verdadera paz


La verdadera paz es un fuego ardiente

Notas para una homilía
Domingo de la vigésima semana del tiempo ordinario
Ciclo C

Jeremías 38, 4-6. 8-10
Hebreos 12, 1-4
Lucas 12, 49-53

Todos queremos la paz. Por eso, es desconcertante lo que dice Jesús en el evangelio de hoy.
“¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división.” 
La Paz verdadera no es igual a la tranquilidad. Hay un lugar donde hay mucha paz, mucha tranquilidad – el cementerio. Pero, no es un lugar de vida – sino de los muertos.

A veces encontramos comunidades, familias, que aparecen tranquilas – pero, debajo de la tranquilidad hay violencia, abuso, desigualdad y más.

La verdadera paz es fruto de la justicia, es fruto de la reconciliación. La verdadera paz no se edificado sobre cimientos de injusticia, opresión, violencia.

Un profeta habla la verdad porque tiene una visión clara de lo que Dios es. Por eso, el profeta perturba la paz falsa. Como decían los jefes del profeta Jeremías “desmoraliza a los guerreros… y a todo el pueblo”.

Una religión de falsos profetas no cuestiona los poderes, económicos, políticos, sociales, religiosos. Promueva la pasividad y la obediencia ciega.

Cristo ha venido para derrumbar la paz falsa, la paz basada en el pecado, en la injusticia – los pecados encontrados en nuestras vidas, en nuestras comunidades.

Cristo no vino para tranquilizar a la gente – como una droga, como una pastilla para dormir.

Cristo vino como un fuego para “destruir tanta mentira, violencia e injusticia”. Un fuego como él que animaba a los santos, como Monseñor Romero, a decir la verdad – no le importaban las consecuencias. Un fuego como él que movió a Madre Teresa de dejar al lado la seguridad del convento para atender a los descartados. Un fuego como él que mueve padres y madres a cuidar a sus hijos, especialmente los niños especiales. Un fuego que puede animar a un pueblo a proteger a los más débiles entre ellos, a proteger la casa común, a pesar de las consecuencias.

Estamos rodeados de un gran nube de testigos que deben animarnos a correr con constancia, siguiéndole al Reino de Dios, con nuestros ojos fijos en Cristo – que se entregó para con nosotros hasta la muerte, para mostrarnos el camino a Dios.

No debemos ser cristianos dormidos, pasivos – ni cristianos tímidos y miedosos.

Debemos seguir como Jesús, recordando nuestros antepasados en la fe que nos han mostrado que están dispuestos a arriesgarse para seguirle a Cristo.

Mediten, pues, en el ejemplo de aquel que quiso sufrir tanta opo­sición de parte de los pecadores, y no se cansen ni pierdan el ánimo, porque todavía no han llegado a derramar su sangre en la lucha contra el pecado”.

No es fácil, pero recordemos la oración al Espíritu Santo.
“Bendícenos, Espíritu Santo; enciende en nosotros el fuego de tu amor.”

Saturday, February 9, 2019

Quinto domingo ordinario C - notas para una homilía


Indignos, pero llenados de gracia
Isaías 6, 1-8
1 Corintios 15, 1-11
Lucas 5, 1-11

No soy digno…
Pero, una palabra tuya bastará para sanarme.


En cada Misa y cada vez cuando tenemos una Celebración de la Palabra con Comunión, rezamos estas palabras antes de comulgar.

Muchas sentimos indignos y hoy en las lecturas encontramos tres personas que se sentían indignos.

Isaías, en el templo, vio la gloria de Dios. Su respuesta: “¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros..”

Pablo, contemplando a Jesús resucitado apareciendo a los discípulos, escribe, “Yo soy el último entre los apóstoles y no merezco el título de apóstol”.

Pedro, asombrado por la pesca grande, cayó a los pies de Jesús y dijo, “¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!”.

Pero, Dios no nos permite a quedarnos paralizados conscientes de nuestras debilidades, nuestros pecados.  

Como escribe el sacerdote José Antonio Pagola:

“Jesús no se asusta de tener junto a sí a un discípulo pecador. Al contrario, si se siente pecador, Pedro podrá comprender mejor su mensaje de perdón para todos y su acogida a pecadores e indeseables. «No temas. Desde ahora, serás pescador de hombres». Jesús le quita el miedo a ser un discípulo pecador y lo asocia a su misión de reunir y convocar a hombres y mujeres de toda condición a entrar en el proyecto salvador de Dios”.

Sentirse indigno no es una excusa de no responder. Es una invitación de aceptar la gracia de Dios que nos puede dar la fuerza, la valentía de seguirle a Cristo. Es una invitación de poner nuestra confianza en el Señor, que puede hacernos instrumentos de su amor.

Nunca dejen que otros dicen que no pueden; nunca creen que no pueden responder a Dios.

Recuerden lo que escribe San Pablo, “por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su gracia no estado estéril en mi”. Cuando tienen dudas o se sienten indignos, repitan estas palabras: “por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su gracia no estado estéril en mi”.

Y por eso, Jesús puede hacernos pescadores de hombres, como Pedro y los apóstoles. Recuerda el canto, Pescador de Hombres:

Tú has venido a la orilla
No has buscado ni a sabios, ni a ricos
Tan solo quieres que yo te siga

Señor, me has mirado a los ojos
Sonriendo, has dicho mi nombre
En la arena, he dejado mi barca
Junto a ti, buscaré otro mar

Tú sabes bien lo que tengo
En mi barca no hay oro, ni espadas
Tan solo redes y mi trabajo

Tú necesitas mis manos
Mi cansancio que a otros descanse
Amor que quiera seguir amando
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Dios nos mira y sabe que podemos ser sus discípulos y misioneros – cada persona en su propia manera, en su lugar. Jesús llama a algunas personas para ser misioneros y trabajar con la iglesia. Pero, Dios nos invita a seguirlo en cada momento de la vida – no solamente en la iglesia. Podemos ser pescadores de hombres cuando estamos trabajando en la casa, en la finca, en la escuela, y en cualquier trabajo hacemos. Podemos dar el testimonio de una vida, arraigada en Cristo y su mensaje de amor, de entrega, de confianza en el Padre.  

Solamente, tenemos que responder como Isaías:
      “Aquí estoy, Señor, envíame”.  

Envíame adonde quieres – testigo de su presencia con nosotros en nuestra vida cotidiana, en las detalles de nuestra vida, para que la gente puedan decir de nosotros lo que dijeron de la iglesia primitiva – “Miren cómo se aman los unos a los otros”.

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La foto es de una escultura en Eremo delle Carceri, Asís.