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Saturday, February 6, 2021

Diaconando a los enfermos - la suegra de Pedro

Quinto Domingo Tiempo Ordinario Ciclo B 

...se puso a servirles

borrador de una homilia

Job 7, 1-4. 6-7
Salmo 146, 1. 3. 4-5. 6-7 
1 Corintios 9, 16-19. 22-23 
Marcos 1, 29-39 


 Como atendemos a los enfermos dice mucho de que somos – personalmente, como comunidad y como iglesia.

Yo he visto familias que cuidan a los enfermos y ancianos con mucho cariño, atendiendo a sus necesidades – dándoles a comer, lavándolos, cambiando pañales y más. Conozco a personas que han dedicado su tiempo para cuidar un familiar – un joven en una aldea, una mujer con su esposo medio-paralizado, una nuera con su suegro de más de noventa años. Me siento humillado mirando su cuidado, su entrega al enfermo. Estas familias, sirviendo al enfermo, son signos de la presencia del Reino de Dios en el mundo.

Pero, también hay ancianos y enfermos que están abandonados por sus hijos, sus familiares, sus vecinos. Es una lastima encontrar a una persona abandonada.

Pero ¿Qué hace Jesús? 

Saliendo de la sinagoga, donde él había expulsado un espíritu inmundo, dejando un hombre sano y salvo, entra la casa de Simón y Andrés. 

La suegra de Pedro no puede atenderlos porque está en la cama con una fiebre – enferma. 

 ¿Qué hace Jesús?
Se acerca a ella. 

Acercarse a un enfermo no es siempre fácil – a veces la persona enferma no puede controlar sus funciones corporales y hay un olor tremendo. También, la vulnerabilidad del enfermo nos recuerda de nuestra enfermedad. Recordamos que no somos invulnerables: también, nosotros sufrimos, tenemos enfermedades, vamos a morir. 

Sentimos nuestra incompetencia, no podemos resolver todo en un minuto o como queremos. Tenemos que recordar que nos necesitamos unos a otros. 
“La experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro”. (Papa Francisco, "Mensaje para la XXIX Jornada Mundial del Enfermo") 
Pero ¿que hace Jesús? 

Su primer paso: “Se acercó a ella”. 
“La cercanía, de hecho, es un bálsamo muy  valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad”. (Papa Francisco, ibid.) 
La tomó de la mano y la levantó. La fiebre se fue. 

Pero, ¿Qué hizo la suegra, ahora sanada? Se puso a servir – la palabra en griego es diaconar - καὶ διηκόνει αὐτοῖς. 

Creo que este es bien importante.

Dios nos cura, nos perdona, se nos acerca para que podamos vivir su Reino, no quedándonos aislados. Dios nos cura para restaurarnos a la sociedad. Y nos da una misión – ser como él.

Acabamos de bautizarle a Yenifer antes de la Misa y después fue ungida por el santo crisma en Cristo, “sacerdote, profeta, rey” – pero, Jesús es un rey servidor. 

Todos nosotros como bautizados tienen la misión de servir – signos del Cristo el Siervo. 

Sanados, perdonados, Dios nos da la gracia para servir.

Que seamos como Jesús - y como la suegra de Pedro. Como escribió el Papa Francisco:
“El mandamiento del amor, que Jesús dejó a sus discípulos, también encuentra una realización concreta en la relación con los enfermos. Una sociedad es tanto más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros frágiles y que más sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno. Caminemos hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado”. (Papa Francisco, ibid.) 

Sunday, February 4, 2018

La diaconía de la suegra y la nuestra


Notas para una homilía, quinto domingo del tiempo ordinario, ciclo B

Cuando estamos enfermos, en cama, muchas veces nos sentimos aislados, solos, sin ayuda – como escuchamos en las palabras de Job en la primera lectura.
“…se me han asignado noches de dolor… La noche se alarga y me canso de dar vueltas hasta que amanece. Mis días … se consumen sin esperanza”.
Hace nueve días fui a San Agustín para visitar a algunos enfermos y ancianos. Hay muchos enfermos allá y hay una sola ministra extraordinaria de la comunión para visitarles. Allá me encontré con una persona que vive sola, parcialmente paralizada, sin nadie que le ayude. Le pedí a la ministra que platique con el consejo comunitario de la iglesia para le lleven comida las comunidades de base – a lo menos varias veces por semana. Aunque no vi ninguna amargura en él, sentí que él se sentía solo.

En el evangelio, encontramos a Jesús. Saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón y Andrés y allá se encontró con la suegra de Simón – en cama, con fiebre, casi muerta.
“Él se acercó, y tomándola de la mano, la levantó…”
La tocó. Él le tomó de la mano, un gesto de ternura. No la sanó de lejos. El toque de mano con mano – es lo que todos necesitamos, más que todo los enfermos, los aislados.

Pero, había más.
“y ella se puso a servirles”.
La palabra griega es “diaconar” -  διηκόνει αὐτοῖς. Ella es la sierva del pueblo - de Jesús y su familia. En ella veo el ministerio de la diaconía. Ella, como mujeres, se puso a servir a los demás.

Ella también sabía que su sanación le reintegró en la comunidad. Y, por eso, no se quedó sola. Tal vez ella había experimentado la soledad. Ahora sanada, quiere compartir con la familia y con Jesús.

La sanación que nos da Jesús nos llama a levantarnos y servir.
Todos nosotros estamos heridos, sentimos solos – de vez en cuando. Pero, el mensaje del evangelio tiene dos mensajes para nosotros.

1.     Jesús nos toca y nos sana, rescatándonos de la soledad.
2.     Pero, Jesús nos sana para que podamos ir, tocándoles a los enfermos, los hambrientos, los perdidos en la soledad o, aún, en el pecado.

Entonces, dejemos que Jesús nos toca para sanarnos como la suegra de Simón y, levantados de la cama, salgamos a servir.

Así sea.

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“Santa Clara fue de tanta humildad

que lavaba los pies a las hermanas
…y se los besaba.”