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Thursday, August 10, 2017

San Lorenzo

Notas para una homilía hoy en la fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir.
2  Corintios 9, 6-10
Juan 12, 24-26

Después de nuestro bautismo, estamos ungidos, como miembros de Cristo – profeta, sacerdote y rey servidor. Por nuestro bautismo todos tenemos el triple ministerio de todo bautizado - profeta, sacerdote y servidor. Aunque una persona va a ser más como Cristo profeta, todos somos profetas, sacerdotes, servidores.

En una manera especial, el diácono es ordenado para ser el imagen del Cristo Servidor en el altar.
            
Hoy celebramos San Lorenzo – servidor de los pobres, testigo del Cristo Jesús, diácono de Roma.

El era uno de los siete diáconos de Roma que administraban los bienes de la iglesia y los distribuían a los pobres, los enfermos, los huérfanos y las viudas. También le asistían al papa en las misa.

El Papa Sixto II y los otros seis diáconos fueron martirizado el 6 de agosto del año 258. Dejaron vivo Lorenzo y le ordenaron llevar al prefecto los tesoros de la iglesia.

Los diáconos asistían a los obispos en el altar – pero también asistían a las mesas de los pobres. Somos llamados a llevar las necesidades de todo el mundo, especialmente de los pobres y marginados al altar. Y por eso, tenemos que escuchar.

Entonces, cuando el prefecto le ordenó al diácono Lorenzo llevar los tesoros de la iglesia, Lorenzo sabía qué hacer. Vendió los bienes de la iglesia, incluyendo los vasos sagrados, y los distribuyo a los pobres. No quiso que los bienes de la iglesia fueran utilizado para el imperio – los bienes de la iglesia son para los pobres.

Entonces, cuando Lorenzo llegó al prefecto, fue acompañado por los pobres, los enfermos, las viudas, los huérfanos – los marginalizados, los elegidos por Dios.

Él sabía cómo sembrar generosamente – para recibir una cosecha generosa. Porque sabía que “Dios…les proporcionará a ustedes una cosecha abundante y multiplicará los frutos de su justicia”.

El hizo eso – sin pena. Tenía que saber que el líder se enojaría y lo mataría.

Pero, sabía que el diácono como ministro de la Sangre de Cristo nos recuerda de la llamada a entregarse a Dios, hasta la muerte. Como dijo San Agustín:
“En [la Iglesia de Roma, Lorenzo] administró la sangre sagrada de Cristo; en ella, también, derramó su propia sangre por el nombre de Cristo”.

Como Jesús nos dice en el evangelio de hoy:
“Si el grano de trigo sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; Pero, si muere, producirá mucho fruto”.

Los mártires nos enseñan el amor, la entrega, de Cristo – y nos desafían entregarnos. No tengan miedo. El Señor es fiel –
“Dios que provee la semilla al sembrador y el pan para comer, proveerá y multiplicará la semilla de ustedes y les hará crecer la cosecha de su limosna. 1Así enriquecidos, la generosidad de ustedes se transformará por nuestro medio en acción de gracias a Dios”.


Recuerdan las palabras del otro mártir, Beato Monseñor Romero:

A cada uno de nosotros nos está diciendo Cristo:
“Si quieres que tu vida y tu misión fructifique como la mía,
haz como yo:
conviértete en grano que se deja sepultar;
déjate matar —
no tengas miedo”.
El que rehuye el sufrimiento se quedará solo.
No hay gente más sola que los egoístas.
Pero si por amor a los otros das tu vida,
como yo la voy a dar por todos,
cosecharás muchos frutos.
Tendrás las satisfacciones más hondas.
No le tengas miedo a la muerte, a las amenazas.

Contigo va el Señor.

Wednesday, August 10, 2016

San Lorenzo y Monseñor Romero

El Evangelio de la fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir, el relato del grano del trigo, Juan 12, 23-26, ha tenido un gran impacto en mi vida. Yo quiero que este evangelio se proclama en mi funeral (con un comentario del Beato Monseñor Oscar Romero sobre el texto.)

Hoy celebramos la fiesta en la pequeña iglesia de San Pedro en un barrio de Dulce Nombre de Copán.

Después de proclamar el evangelio, yo expliqué la vida de San Lorenzo y su pastoral diaconal - sirviendo en la mesa del altar y distribuyendo las limosnas a los pobres de Roma. Para él, los pobres son el tesoro de la Iglesia.

Para la Misa, me vestí por primera vez, con la estola roja con la imagen de Monseñor Romero que confeccionaron las Hermanas Clarissas de El Salvador.

Recordando que Monseñor Romero proclamó el mismo evangelio la noche cuando fue martirizado celebrando la Misa en la capilla del Hospital Divina Providencia, leí una parte de su corta homilía:
 Acaban de escuchar el Evangelio de Cristo: que es necesario no amarse tanto a sí mismo que se cuide uno para no meterse en los riesgos, en la vida que la historia nos exige. El que quiera apartarse del peligro perderá su vida; en cambio, aquel que se entrega, por amor a Cristo, al servicio de los demás, este vivirá como el granito de trigo que muere, pero aparentemente muere. Si no muriera, se quedaría solo. Si da cosecha es porque muere, se deja inmolar en la tierra, deshacerse, y solo deshaciéndose produce la cosecha.
Ruego al San Lorenzo y al Beato Monseñor Oscar Romero para que pueda yo vivir como testigo del Reino, dejándome morir en Cristo - para que el Pueblo de Dios pueda vivir en amor y paz.