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Monday, February 3, 2020

EL desafio de la Virgen de Suyapa


La Solemnidad de Nuestra Señora de Suyapa
La Patrona de Honduras

Borrador de una homilía den tiempos difíciles

Génesis 3, 9-15. 20
Romanos12, 9-16b
Juan 19, 25-27


¿Quién es la Virgen más guapa?
La virgen de Suyapa

Pero, yo tengo otra pregunta:
¿Quién es la Virgen más chiquita?
La Virgencita Suyapita.

Cuando algo me dijo el tamaño de la imagen de la virgen de Suyapa , me quedé sorprendido. Tan chiquita – más pequeña que mi dedo índice. Y cuando vi una foto de la virgen sin toda la plata, no vi la belleza de muchas imagines y muchos cuadros.

Tan pequeña, tan humilde, tan sencilla – como fue María de Nazaret.



Ella no refleja el poder del mundo – el poder de belleza lujosa, del dinero, del dominación, de auto-suficiencia. El refleja el poder del Dios verdadero.

Adán y Eva pecaron, pensando de ser como dioses, pero dioses falsos o de dominación, de poder, de control, de auto-suficiencia.

Pero, María refleja el Dios verdadero que encontramos. Es un Dios comunidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. No es un Dios que mira todo de afuera, sino un Dios Encarnado, Jesús. No es un Dios de dominación, de poder y  de violencia, sino un Dios vulnerable, quien se entregó hasta a muerte.

Y María es la servidora, la esclava del Señor. Ella dijo, “Hágase en mi según su palabra”. Ella sabe que la voluntad de Dios para nosotros es nuestra verdadera identidad. No tenemos que buscar la identidad que nos ofrecen el mundo de poder, de dominación, de placer, de auto-suficiencia, de la belleza lujosa. Nuestra identidad se encuentra buscando la voluntad de Dios para nosotros.

María la encontró su identidad, su santidad, como madre de Dios, un Dios nacido en la pobreza, un Dios que escoge a los pequeños, un Dios que anuncia las buenas nuevas a los pobres. Más aun, acompañando a Jesús, su Hijo, encontró un Dios que sufre con nosotros, que se entregó sin contar el gasto.

Y, al lado de la Cruz, María encontró otro papel – ser madre de la Iglesia, de nosotros. Porque de su trono en la Cruza, Jesús le dijo, “Mujer, ahí tienes tu hijo”.

Y la entregó al cuidado del discípulo amado – y a nosotros: “Allí tienes tu madre”.
Pero, ¿cómo podemos cuidarla a María como nuestra Madre?

¿Cómo  podemos vivir como hijas e hijas de María en un país atropellado por la corrupción, el crimen organizado, la impunidad y grandes divisiones políticos y sociales?
      ¿En un país donde los ancianos viven y mueren solos, sin ayuda?
¿En un país donde hay viudas no tienen dinero para sepultar sus maridos y a veces prestan dinero, poniéndose al riesgo de perder su casa?
¿En un país donde muchos jóvenes han perdido la esperanza de empleo, aun del sentido de vivir?
¿En un país donde muchas mujeres y niños y niños sufren la violencia y aun la violación?
¿En un país donde miles piensan que el único camino a salvarse es huir, arriesgándose en la búsqueda de un sueño, que a veces es una pesadilla?
¿En un país donde muchos sufren la pobreza y la miseria cuando unos pocos agarran la riqueza, pensando solamente en sus intereses?
¿En un país con tanta belleza y riquezas naturales, donde contaminamos la tierra?
¿En un país donde pensamos más del dinero y poder, dejando al lado los pobres?

Creo que la lectura de San Pablo a los Romanos puede darnos un guía:

      Que su caridad no sea una farsa;
Podemos decir que amamos unos a otros; pero, no respondemos a la vecina necesitada.
      aborrezcan lo malo y apéguense a lo bueno. 
Podemos decir que estamos en contra de la corrupción; pero, cuando podemos aprovecharnos de los frutos de la corrupción, no tenemos escrúpulos.
       Como buenos hermanos, sean cariñosos unos con otros,
En vez de ser cariños con otros, la violencia en contra de las mujeres y los niños crecen.
      estimando a los demás más que a uno mismo.
Pensamos que nosotros tienen más valor que otros, porque tenemos títulos, talentos,  o poder político o económico, y desprecian a los humildes.
      En la actividad, no sean descuidados;
            No hacemos nuestros trabajos con cuidado, pero solamente hacemos lo mínimo.
      en el espíritu, manténganse ardientes.
            Nos ponemos mediocres, haraganes.
      Sirvan constantemente al Señor.
            Nuestras oraciones y celebraciones se hacen sin el fervor de hijos e hija de Dios.
      Que la esperanza les tenga alegres:
Nuestras acciones y actitudes no reflejan la esperanza de nuevas posibilidades para nosotros y nuestro país.
      estén firmes en la tribulación, sean asiduos en la oración.  
      Contribuyan en las necesidades de los santos; practiquen la hospitalidad.  
No respondemos a los enfermos y aislados en nuestras comunidades.
      Bendigan a los que les persiguen; bendigan, sí, no maldigan.
            Pero, guardamos venganza y rencor
      Con los que ríen, estén alegres; con los que lloran, lloren.
            No compartimos los gozos y las aflicciones de los demás.
      Tengan igualdad de trato unos con otros:
            Pero hay favoritismo, no escuchándolos que no son como nosotros.
      no tengan grandes pretensiones,
            Pensamos que somos mejores de los demás
      sino pónganse al nivel de la gente humilde.
Pero queremos tener más en vez de ser más humanos, poniéndonos, como María al servicio del Señor y los demás.

Perdóname si estoy duro y brusco, pero el pueblo hondureño merece más y es capaz de hacerlo. Si María, la Virgen de Suyapa, es nuestra patrona, debemos ponernos al servicio de Dios como ella,

Santa María, Virgen de Suyapa, intercede por nosotros, para que seamos un pueblo santo, un pueblo cariño, un país lleno de amor, de perdón, de reconciliación.








Saturday, February 3, 2018

La virgencita - Suyapa


Notas de una homilía en la fiesta de Nuestra Señora de Suyapa
3 Febrero de 2018

Genesis 3, 9-15.20; Romanos 12, 9-16; Juan 19, 25-27

La imagen de la virgen María de Suyapa es pequeña – apenas 6.5 centímetros.

Hay visto las imágenes por años, pero hace dos semanas vi la imagen sin sus lujosos vestidos, Ella es una pequeña sencilla campesina, con la belleza de una campesina, no de una dama. Porque María no es la mujer de poder y dominación, ni de violencia y dinero.

En la primera lectura, escuchamos la tentación de Eva y Adán:

La serpiente les prometió que sean como dioses – no el Dios de la vida, sino los dioses del poder y dinero, de dominación. Y, por eso, cuando Dios les preguntó, Adán echó la culpa a Eva, y Eva la echó a la serpiente. Se aislaron – se individualizaron. No tomaron la responsabilidad. El pecado nos separa de Dios y de los demás.

Pero, María es diferente. Ella asumía la responsabilidad en toda la vida; ella respondió a Dios con toda su vida.
     
En el evangelio de hoy, escuchamos que, junto a la cruz, aceptó el discípulo como su hijo – como Jesús se lo entregó. Es algo que hacía toda la vida. Se asumió la responsabilidad con Dios y con los demás.
     
Cuando llegó el ángel Gabriel, ella dijo sí, “Soy la esclava del Señor”.
     
Cuando se enteró de que su familiar Isabel estaba con niño, María dejó la comodidad de Nazaret para ayudarle a ella.

Cuando ella le dio a luz a Jesús en Belén, acogió a los pastores y a los reyes magos.
     
Después la resurrección y la ascensión de Jesús, se unió con los discípulos en el Cenáculo, esperando  la venida del Espíritu Santo.
     
Ella acompaño a la comunidad de discípulos de Dios y todavía nos acompaña. Y cuando aparece, se manifestó más que todo a los pequeños, las humildes.
     
Ella no buscó el poder; buscó el amor, la solidaridad.
     
En ella, Dios nos manifiesta la gracia del amor, de la solidaridad, de la humildad. Y nos invita a ser instrumentos de su Reino.
     
¿Cómo?
     
La segunda lectura de San Pablo nos da los índices, las pistas de esto estilo de vivir – como discípulos, discípulas de Cristo – como María
      Que el amor de ustedes sea sincero.
Aborrezcan el mal y tengan pasión por el bien.
En el amor entre hermanos demuestren cariño
Honran a los demás más que a ustedes.
Que la esperanza los mantenga alegres – no con caras de vinagre.
Sean constantes en la tribulación u perseverantes en la oración, porque vamos a experimentar dificultades en la vida.
Ayuden a los hermanos en sus necesidades
Practiquen la hospitalidad.
Bendigan a los que los persiguen…
Alégrense con los que se alegran;
Lloren con los que lloran.
Vivan en armonía, unos con otros.
No sean, pues, altivos: No busquen grandezas.
más bien pónganse al nivel de los humildes.
            Sino que vayan a lo humilde.