Saturday, August 15, 2020

Casaldáliga y el Magnificat de María

Maria de nuestra liberación.

Celebrando la Asunción de María, quiero compartir este poema del Obispo Pedro Casaldáliga, que se su versión del cántico en el evangelio de la fiesta: Lucas 1, 39-56

Dibujo en la iglesia de El Sitio, Suchitoto, El Salvador
MARIA NUESTRA DEL MAGNIFICAT

¡Queremos cantar contigo!
¡María de nuestra liberación!
Contigo proclamamos la grandeza del Señor,
Que es el único grande,
Y en él nos alegramos contigo, porque, a pesar de todo, él nos salva.
Contigo cantamos, María, exultantes de gratitud,
Porque él se fija en los insignificantes;
Porque su poder se derrama sobre nosotros en forma de amor,
Porque él es siempre fiel,
Igual en nuestras adversidades,
Único para nuestra comunión;
De siglo en siglo, de cultura, en cultura
De persona en persona.
Porque su brazo interviene históricamente,
Por intermedio de nuestros brazos, inseguros pero libres;
Porque un día intervendrá, definitivamente él.
Porque es él quien desbarata los proyectos de las transnacionales
Y sostiene la fe de los pequeños
Que se organizan para sobrevivir humanamente.
Porque vacía de  lucros los cofres de los capitalistas
Y abre espacios comunitarios para el plantío, la educación y la fiesta
A favor de los desheredados.
Porque derriba de su trono a todos los dictadores
Y sostiene la marcha de los oprimidos
Que rompen estructuras en busca de liberación.


Mons. Pedro Casaldáliga
obispo jubilado de São Felix do Araguaia, Brasil
murió el 8 de agosto del año 2020





Lectura bíblica: Lucas 1, 39 - 56

Saturday, August 8, 2020

Reconoce a Dios y camina sobre las aguas

Notas para una homilía

El domingo de la decimonovena semana

Tiempo ordinario - Ciclo A

 

1 Reyes 19, 9a. 11-13a

Romanos 9, 1-5

Mateo 14, 22-33

 

No sé como sienten ustedes.  Pero a veces me siento como los apóstoles en la barca, abofeteada por el viento huracán, sacudida por las ollas. Llenos de miedo, trataban a llegar a la orilla del lago, a un lugar de seguridad.

 

En la primera lectura lo encontramos al profeta Elías, escondiéndose en una cueva. La reina Jezabel lo buscaba para matarlo y se sintió abandonado.

 

¿Cómo se sienten?

 

Creo que a veces nos sentimos abofeteados y sacudidos por los sucesos de la vida, aun abandonados por Dios y nuestros amigos.

 

Creo que nos sentimos con mucho incertidumbre: ¿Cuándo va a terminar esta pandemia?

 

Algunos sentimos preocupados por la salud de nuestras familias y amigos y por la amenaza de COVID-19.

 

Algunos nos sentimos indignados por la corrupción que miramos – especialmente en el uso de los fondos para la pandemia.

 

Muchos preocupamos por los niños y los jóvenes - su educación, su trabajo, su vida moral.

 

Pero, el mensaje de hoy es, como escuchamos en el salmo: “Está ya cerca nuestra salvación”.

 

Aunque estamos llenos de miedos y preocupaciones, Dios está con nosotros – tal vez en una manera inesperada.

 

El profeta Elías eran un hombre que había matado a los profetas de la reina – un hombre de acción y venganza. Creo que, para él, Dios era un Dios de poder, de fuego, de relámpagos. Pero, como se revela el Dios a él – “se escuchó el murmullo de una brisa suave,” un soplo de aire, un susurro.

 

Como Elías, tenemos que estar atento. Dios va a estar con nosotros – no como queremos, sino en el silencio, en los momentos en que nos abrimos el corazón.

 

Pero, a veces, Dios se nos revela en otra forma.

 

En el evangelio, los apóstoles, llenos de miedo, vieron a algo caminando sobre las aguas. Su primero reacción – más temor: “Es un fantasma”.

 

Pero, es Jesús. No debemos nunca tener miedo de Jesús. Él está con nosotros para salvarnos, para darnos la verdadera paz.

 

Sus primeras palabras a los apóstoles: “Tranquilícense y no teman. Soy yo” – o, mejor traducido, “Animo. Soy yo. No tengan miedo”. (Θαρσεῖτε, ἐγώ εἰμι· μὴ φοβεῖσθε.)

 

Pero tenemos miedo.

 

No obstante, Pedro, siempre impetuoso, impulsivo, dijo al Señor: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”.

 

Por mi parte, no soy como Pedro. Pero, tenemos mucho que aprender de él. En su esperanza de encontrarse con Jesús, él se arriesgó. Pero, no perseveró, pensando más en su seguridad, dejó de mirarlo a Jesús  - y, entrando el miedo, “comenzó a hundirse”.


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 Jesús lo rescató, dándole la mano. Pero, lo amonestó. “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

 

Pero, ¿los apóstoles en la barca? No tenían el ánimo de acercarse a Jesús, caminando sobre el mar. Tal vez, llenos de miedo, no tenían la capacidad de reconocer que era Jesús. Pero, Pedro, aunque un hombre de poca fe, quiso reconocerle a Jesús y acercarse a él.

 

En medio de nuestros miedos, en miedo de las turbulencias de nuestras vidas y de nuestro mundo, ¿reconocemos la presencia de Jesús con nosotros? O,  ¿no queremos salir de la comodidad de la barca?

 

Dios le invitó a Pedro, “¡Ven!” Y nos invita – “Ven. Salga de su falsa seguridad. Arriésgate. Con los ojos fijados en mí, vas a caminar sobre las aguas. ¡Animo!”

 

Dios nos invita a reconocerle – en el silencio de nuestros corazones – no para sentirnos contentos en la comodidad de nuestras barcas, sino para arriesgarnos, encontrando la seguridad en Jesús, que nos invita a salir de la comodidad y caminar sobre las aguas.

Sunday, August 2, 2020

El diaconado 2

¿Para que hay diáconos y por qué yo?


Después de mi conversación con el Obispo sobre el diaconado, comencé a leer y rezar.

El diaconado como un grado permanente del sacramento de los Ordenes Sagrados fue restaurado después del Concilio Vaticano Segundo. Desde le Edad Media y el Concilio, el diaconado fue casi solamente un grado en el camino hasta el sacerdocio.

Había unos pocos ejemplos de diáconos que no siguieron hasta el sacerdocio. Se dice que San Francisco de Asís fue uno. También, en el Concilio de Trento en el siglo dieciséis había una sugerencia de restaurar el diaconado permanente. En el siglo diecinueve había conversaciones sobre del tema.

Durante la Segunda Guerra Mundial, sacerdotes, presos en el campo de concentración de Dachau, discutieron el diaconado en la luz de que les apareció una iglesia fuera de contacto con el mundo. Terminada la guerra, algunos de ellos y varios teólogos escribieron sobre el diaconado. Algunos laicos formaron Círculos Diaconales. Pero el Papa Pio XII dijo que no era el tiempo oportuno para restaurar el diaconado.

Pero los obispos del Concilio Vaticano Segundo (1962-1965) retomaron la cuestión y en la Constitución sobre la Iglesia, Lumen Gentium,  aprobaron la ordenación de hombres, incluyendo hombres casados, a un diaconado como grado permanente del sacramento del Orden Sagrado.

El párrafo 29, comienza con este perfil del diácono:

En el grado inferior de la jerarquía están los diáconos, que reciben la imposición de manos no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio. Así confortados con la gracia sacramental en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del diácono, según la autoridad competente se lo indicare, la administración solemne del bautismo, el conservar y distribuir la Eucaristía, el asistir en nombre de la Iglesia y bendecir los matrimonios, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir los ritos de funerales y sepelios. Dedicados a los oficios de caridad y administración, recuerden los diáconos el aviso de San Policarpo: "Misericordiosos, diligentes, procedan en su conducta conforme a la verdad del Señor, que se hizo servidor de todos".

Después los obispos proponen la restauración del diaconado son una apertura de conferir el diaconado “conferir a hombres de edad madura, aunque estén casados”.

Lo supe. Pero, tuve que leer párrafo 16 del decreto sobre la misión,  Ad Gentes, para entender como yo podría ser un candidato al diaconado.

Restáurese el Orden del Diaconado como estado permanente de vida… donde lo crean oportuno las Conferencias episcopales. Pues parece bien que aquellos hombres que desempeñan un ministerio verdaderamente diaconal, que predican la palabra divina como catequistas, o que dirigen en nombre del párroco o del Obispo comunidades cristianas distantes, o que practican la caridad en obras sociales y caritativas sean fortalecidos y unidos más estrechamente al servicio del altar por la imposición de las manos, transmitida ya desde  los Apóstoles, para que cumplan más eficazmente su ministerio por la gracia sacramental del diaconado.

Me dejó atónito.

Después de llegar en Honduras en el año 2007, comencé a ayudar en la formación de catequistas en la parroquia de Duce Nombre de María. Con un nuevo párroco en el año 2013, fui a presidir en Celebraciones de la Palabra con Comunión en aldeas remotas. También, desde mis primeros meses en Honduras, ayudé en varios proyectos de ayuda a los necesitados.

Los obispos del Concilio propusieron considerar como candidatos al diaconado a hombres que se desempeñaron uno de los ministerios del diácono: la evangelización, la liturgia y el servicio de la caridad y la justicia. Pensaron de ordenarlos para que “sean fortalecidos y unidos más estrechamente al servicio al altar por la imposición de las manos”.

Pero yo me desempeñe mi ministerio en los tres ministerios. Tal vez lo que falta era la gracia sacramental del diaconado. También, la ordenación diaconal implicará un compromiso de mi vida – no solamente por un tiempo, por algunos años como voluntario. El diaconado es una vocación.

Después de meditar las palabras de los obispos del Concilio Vaticano Segundo, continué mi discernimiento.

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Visitando una aldea remota de la diócesis con Caritas diocesano




Saturday, August 1, 2020

La escasez y la abundancia

Borrador de una homilia
Domingo de la decimoctava semana del tiempo ordinario–
ciclo A

Isaías 55, 1-3
Romanos 8, 35. 37-39
Mateo 14, 13-21

Piense en una experiencia en que se le sorprendió la generosidad de alguien que pensó que no tenía mucho o nada que ofrecer. ¿Cómo se sintió?

Cuando alguien me recata a mí y mi carro de lodo, como pasó el miércoles pasado, me siento agradecido. No sé cuántas veces he recibido ayuda y las personas no piden nada.

Los actos inesperados de bondad son vislumbres de la grandeza de Dios que escuchamos en la primera lectura:
Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua;
y los que no tienen dinero,
vengan, tomen trigo y coman;
tomen vino y leche sin pagar.

Dios quiere que tengamos lo que necesitamos. Pero reconocimos que no siempre pasa. En este tiempo hay hambre, hay incertidumbre, hay confusión.

Pero, Dios no quiere eso. Y nos da una visión diferente – una mesa gratis para satisfacer las necesidades del pueblo, con comida abundante. Pero, esta parte del libro fue escrito a un pueblo en apuras.

Aunque no experimentaron el banquete, Dios les lo promete. Es un Dios de la abundancia.

En el evangelio Jesús nos muestra cómo podemos experimentar tal banquete.

Jesús estuvo con la gente casi todo el día y se hizo tarde. Mirando a la multitud, sus discípulos hacen a Jesús un planteamiento realista y razonable: “Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer.

No quieren responsabilizarse de los demás. Como dice el dicho común: “La ley de Jesucristo. Cada quien con su pisto”.

Pero, este no es la ley de Jesucristo.

¿Cómo respondió Jesús: “Denles ustedes de comer”.  Es responsabilidad de todos, especialmente los que quieren seguir a él. Como escribió un filósofo Ruso, Nicolás Berdyaev, “Mi hambre es un problema material; la hambre de los demás es un problema espiritual”.

Cuando alguien tiene hambre, ¿cómo responder?

Pero, siempre buscamos excusas, como los discípulos: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Había un montón de gente allá – cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. podría haber habido más de veinte mil personas.

¿Con qué frecuencia pensamos que no podemos? ¿que no hay suficiente pisto? ¿que no estamos capaces de hacer algo?

Pensamos de la escasez, que no podemos hacer nada: “Somos demasiado pequeños o pobres o jóvenes o viejos”.

Pero, ¿qué dice Jesús a los discípulos? “Tráiganmelos”.

Traigan lo que tienen, lo que son. Compartan.

No hay nadie tan pobre, tan pequeño, que no puede compartir, que no puede dar sus centavitos. Dios nos ha regalado dones de diferentes tipos para hacer su voluntad en la tierra.

Como escribió el joven Óscar Romero: “¡Con tu todo y con mi nada haremos ese mucho!”

Así es.

Y entonces, como escribió San Pablo a los romanos:
¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado…

Y cuando damos nuestra pequeña aportación, cuando compartimos lo que somos, lo que tenemos – no importa lo poco que tenga o lo pequeño que sea — Jesús va a repartir en abundancia, y sobran.

Tengan confianza – Dios hace grandes cosas de lo pequeño que somos. Lo importante es traérselo.


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Dibujo de Cerezo Barredo

Gracias por este comentario de Maryknoll :
https://docs.google.com/document/d/1sUxWoAmKWFIO2e0LBzZnBQyaMEmkgIA-TjfHo1Rn2Ss/edit



El diaconado 1

Para preparar a celebrar San Lorenz, diácono y mártir, el 10 de agosto, voy a escribir una novena de reflexiones acerca del diaconado.
                                                         
Nunca quise ser diácono permanente.

Cuando era joven, quise ser un sacerdote franciscano. En mis estudios posgraduados, quise ser un catedrático. Pero nunca llegué a ser un sacerdote franciscano profesado y nunca dio clases en la universidad como catedrático tiempo completo.

Pero, nunca quise ser diácono; no fue ni plan de vida. Sin embargo, soy un diácono.

En el mes de octubre de 2014, en una cena en Dulce Nombre con nuestro párroco, Padre German Navarro, y Monseñor Darwin Andino, el obispo me pidió considerar el diaconado permanente. Padre German me había preguntado lo mismo hace varios meses, pero por su cara me dijo que no había platicado con Monseñor acerca del diaconado.

Le expliqué al obispo que tenía varias inquietudes y no me sentí llamado al diaconado. Después de la cena, el me urgió tomar en serio su propuesta. Le dije “si” y comencé a discernir.

Leí muchos libros y artículos; les escribí muchos amigos, incluyendo un amigo que había estado director de la oficina del diaconado permanente en su arquidiócesis en los años ochenta; platiqué con amigos y amigas acá en Honduras, pidiendo su ayudo en el proceso de discernimiento; cuando fui a visitar los Estados Unidos, platiqué con amigos allá.

No quise ser ordenado diácono. Resistí. Pero, Dios siguió llamando me durante los meses de discernimiento.

Resistiendo llamados ha estado parte de toda mi vida. Si hubiera tenido mi propia voluntad, nunca me habría salido de mis estudios posgraduados para trabajar casi 24 años en la pastoral universitaria y pastoral social en la iglesia Santo Tomas de Aquino en Ames, Iowa. También, si no hubiera ido con universitarios para ayudar en Nueva Orleans después del huracán Katrina, no habría venido a Honduras.
                      
En su manera, Dios rompió mis resistencias. Creo que este sucede con muchos.

Discerniendo el diaconado permanente, reconocía que mi vida hasta ese tiempo de mi ordenación había estado una preparación para el diaconado. Dios nos llama donde estamos y como somos.

Cuando discernía ir a Honduras, mi directora espiritual me preguntó “¿Por qué?” Sin dudar de un momento, le dije “para servir a los más necesitados”.

No me necesité para un momento para pensar como responder. Buscando servir a los más necesitados fue mi identidad, o, a lo menos, lo que mi vida desde mi niñez me había preparado a llegar a ser.

Ahora, pensando de mi vocación, me di a cuenta que Dios nos llama a ir más allá de mis límites auto-impuestos para responder de lo profundo de lo que soy y de lo que a quién había estado preparado a ser.

No quise ser diácono – pero, Dios, con mi familia, mis profesores, mis amigos y amigas, me había preparado a decir “si”.

 
Dibujo de San Lorenzo por Ade Bethune

Sunday, July 19, 2020

Dulce esperanza

Domingo, Decimosexta semana, Tiempo ordinario, Ciclo A

Sabiduría 12, 13.1-19
Romanos 8, 26-27
Mateo 13, 24-43

Notas para una homilía

Vivimos en tiempos difíciles. Es fácil perder la esperanza o buscar una esperanza vacía.
Es fácil pensar que no podemos hacer nada o pensar que podemos hacer todo por nuestras propias fuerzas. Pero las lecturas de hoy pueden darnos esperanza y movernos a buscar una vida nueva con Cristo.

Lo importante es recordar que, como escribió San Pablo, “el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad…”

Las parábolas del Evangelio
- el trigo y la cizaña
El campo es, en una manera, el mundo, pero, podemos visualizar el campo de nuestra vida – donde hay una mezcla del bueno y del malo.
            Dios no quiere sacar lo malo por fuerza – porque nos respeta
     
El Señor, que es la Sabiduría encarnada, hoy nos ayuda a comprender que el bien y el mal no se pueden identificar con territorios definidos o determinados grupos humanos: «Estos son los buenos, estos son los malos». Él nos dice que la línea de frontera entre el bien y el mal pasa por el corazón de cada persona, pasa por el corazón de cada uno de nosotros, es decir: todos somos pecadores. (el Papa Francisco, 23 de julio de 2017)

- la semilla de mostaza
      Dios no siempre demanda cosas grandes de nosotros.
Como dijo San Buenaventura: “una fidelidad constante en cosas pequeñas es una virtud grande y heroica”. Recuerda el camino pequeño de Santa Teresa de Lisieux.
“El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar”. ( J A Pagola)

¿Por qué  podemos hacer eso? Porque Dios es como está un Dios de misericordia, delicadez, de esperanza. Recuerda la primera lectura del libro de la Sabiduría:
·      por ser el Señor de todos, eres misericordioso con todos
·      juzgas con misericordia y nos gobiernas con delicadeza
·      Con todo esto has enseñado a tu pueblo que el justo debe ser humano, y has llenado a tus hijos de una dulce esperanza, ya que al pecador le das tiempo para que se arrepienta.

Jesús nos hace capaz de hacer mucho, como una pizca de levadura.

Él explica como, usando nuestras experiencias. Como escribió padre José Antonio Pagola:
Jesús tuvo que enseñarles a captar su presencia de otra manera. Todavía recordaba una escena que había podido contemplar desde niño en el patio de su casa. Su madre y las demás mujeres se levantaban temprano, la víspera del sábado, a elaborar el pan para toda la semana. A Jesús le sugería ahora la actuación maternal de Dios introduciendo su «levadura» en el mundo.
      Con el reino de Dios sucede como con la «levadura» que una mujer «esconde» en la masa de harina para que «todo» quede fermentado. Así es la forma de actuar de Dios. No viene a imponer desde fuera su poder como el emperador de Roma, sino a trasformar desde dentro la vida humana, de manera callada y oculta.
      Así es Dios: no se impone, sino trasforma; no domina, sino atrae. Y así han de actuar quienes colaboran en su proyecto: como «levadura» que introduce en el mundo su verdad, su justicia y su amor de manera humilde, pero con fuerza trasformadora.

Todos nosotros tenemos nuestra semilla de mostaza, nuestra pisca de levadura. Con eso, Dios puede transformarnos y transformar nuestro mundo.

¿Qué puede ser? ¿Qué puede hacer? ¿Cómo podemos dejar que Dios actúe en nosotros?


Tuesday, March 17, 2020

La oración de San Patricio

Oración de San Patricio

Me levanto hoy
Por medio de poderosa fuerza,
la invocación de la Trinidad,
Por medio de creer en sus Tres Personas,
Por medio de confesar la Unidad,
Del Creador de la Creación.

Me levanto hoy
Por medio de la fuerza del nacimiento 
        de Cristo y su bautismo,
Por medio de la fuerza de Su crucifixión 
       y su sepulcro,
Por medio de la fuerza de Su resurrección 
       y ascensión,
Por medio de la fuerza de Su descenso para juzgar el mal.

Me levanto hoy
Por medio de la fuerza del amor de Querubines,
En obediencia de Ángeles, 
En servicio de Arcángeles,
En la esperanza que la resurrección encuentra recompensa,
En oraciones de Patriarcas, 
En palabras de Profetas,
En prédicas de Apóstoles, 
En inocencia de Santas Vírgenes,
En obras de hombres de bien.

Me levanto hoy
Por medio del poder del cielo:
Luz del sol,
Esplendor del fuego,
Rapidez del rayo,
Ligereza del viento,
Profundidad de los mares,
Estabilidad de la tierra,
Firmeza de la roca.

Me levanto hoy
Por medio de la fuerza de Dios que me conduce:
Poder de Dios que me sostiene,
Sabiduría de Dios que me guía,
Mirada de Dios que me vigila,
Oído de Dios que me escucha,
Palabra de Dios que habla por mí,
Mano de Dios que me guarda,
Sendero de Dios tendido frente a mí,
Escudo de Dios que me protege,
Legiones de Dios para salvarme
De trampas del demonio,
De tentaciones de vicios,
De cualquiera que me desee mal,
Lejanos y cercanos,
Solos o en multitud.

Yo invoco éste día todos estos poderes entre mí y el malvado,
Contra despiadados poderes que se opongan a mi cuerpo y alma,
Contra conjuros de falsos profetas,
Contra las negras leyes de los paganos,
Contra las falsas leyes de los herejes,
Contra obras y fetiches de idolatría,
Contra encantamientos de brujas, forjas y hechiceros,
Contra cualquier conocimiento corruptor de cuerpo y alma.

Cristo escúdame hoy
Contra filtros y venenos, 
Contra quemaduras,
Contra sofocación, 
Contra heridas,
De tal forma que pueda recibir recompensa en abundancia.

Cristo conmigo,
Cristo frente a mí,
Cristo tras de mí,
Cristo en mí,
Cristo a mi diestra,
Cristo a mi siniestra,
Cristo al descansar,
Cristo al levantar,
Cristo en el corazón de cada hombre que piense en mí,
Cristo en la boca de todos los que hablen de mí,
Cristo en cada ojo que me mira,
Cristo en cada oído que me escucha.

Me levanto hoy
Por medio de poderosa fuerza, la invocación de la Trinidad,
Por medio de creer en sus Tres Personas,
Por medio de confesar la Unidad,
Del Creador de la Creación.
Amén.

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 La imagen se encontró en la pagina de Catholic Rural Life.