Sunday, December 19, 2021

El asombro, la entrega y la visión del Reino

Cuarto Domingo de Adviento 
Ciclo C 
Miqueas 5, 1-4 
Hebreos 10, 5-10 
Lucas 1, 39-45 

Si estuviéramos visitando o trabajando en la casa de Zacarías cuando María llegó y le saludó a su prima Isabel, no nos parecería algo importante, algo significativa – solamente dos primas saludándose una a otra, una jovencita visitando a su prima vieja.


Pero, algo está pasando.

Con los ojos de fe, encontraríamos dos mujeres, milagrosamente embarazada – una anciana y una virgen joven. Dios ha hecho algo importante – dando un hijo a una mujer que todos pensaban estéril, dando un hijo a una virgen. Nueva vida ha llegado a las estériles y a las vírgenes. Las que el mundo piensa inútiles, a ellas Dios da nueva vida.

María, la jovencita que dijo “si” a Dios y aún embarazada salió al encuentro con su prima vieja embarazada, viajando 128 kilómetros (casi la distancia de Dulce Nombre a San Pedro Sula). Una mujer de compromiso – diciendo “Aquí estoy, Dios mío; vengo para hacer tu voluntad”, como escuchamos en la carta a los hebreos; no pensando de si misma, fue a acompañar a su prima, también embarazada. María nos da el testimonio de entrega y compasión.

Pero, tenemos que tomar en cuenta todo lo que pasaba en el encuentro de las primas. Isabel se llenó de asombro y alegría cuando escuchó el saludo de María. Reconoció algo nuevo, algo asombroso, cuando se encontró con María.

Este no fue una visita ordinaria, sino la visita de la madre de Dios: “¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?”. 

El Papa Francisco en una homilía hace años, dijo: “Para celebrar bien la Navidad, estamos llamados a detenernos en los ‘lugares de asombro’”, reconociendo que estamos en un lugar sagrado.

Dios nos llama a abrir nuestros corazones a reconocer la presencia de Dios entre nosotros, a veces disfrazada en lo más cotidiano, una virgen joven, en un lugar pequeño como Belén.

Juan en el vientre de Isabel reconoció a Jesús, el Salvador, en el vientre de su madre, María. Y su reacción, dio saltos de gozo.

Dios nos acerca en muchas maneras, pero a veces no los conocemos, mirando con ojos del mundo que solamente valora lo grande, lo poderoso, lo violento, lo famoso. No puede reconocer la presencia de Dios en lo pequeño, lo pobre, lo cotidiano. Es un mundo que ha perdido el sentido de asombro.

Pero, asombrados, podemos imaginar un mundo nuevo. El Evangelio de hoy termina antes de la respuesta de María al encuentro con su prima. Con asombro, María glorifica al Señor que “puso sus ojos en la humildad de su esclava”. Y en el cántico de la Magnifica, María nos ofrece la visión de un mundo nuevo, lleno de la gracia de su hijo Jesús, que es muy diferente que el mundo actual:
…su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. 
Él hace proezas con su brazo; dispersa a los soberbios de corazón. 
Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. 
A los hambrientos los colma de bienes y al los ricos los despide vacíos.
Es un mundo patas arriba. Para prepararnos para la Navidad debemos cultivar en nuestros corazones la entrega de María, el asombro de Isabel, la alegría de Juan el bautista y la visión de un mundo nuevo, del Reino de Dios, que María cantaba. En su homilía del 24 de diciembre de 1978, San Óscar Romero dijo
Nadie podrá celebrar la Navidad auténtica si no es pobre de verdad. Los autosuficientes, los orgullosos, los que desprecian a los demás porque todo lo tienen, los que no necesitan ni de Dios, para ésos no habrá Navidad. Sólo los pobres, los hambrientos, los que tienen necesidad de que alguien venga por ellos, tendrán a ese alguien, y ese alguien es Dios, Emanuel, Dios-con-nosotros. Sin pobreza de espíritu no puede haber llenura de Dios.
Pidamos de Dios la gracia del asombro como de Isabel, la entrega de María y la visión de un mundo de Dios-con-nosotros – que reconoce la presencia de Dios en lo pequeño, en lo pobre.

Sunday, November 14, 2021

El Dolor y la Esperanza

Trigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario

Jornada Mundial de los Pobres 


Daniel 12, 1-3
Hebreos 10, 11-14. 18
Marcos 13, 24-32

Borrador de una homilía

En el inicio de la lectura del profeta Daniel y del evangelio de San Marcos de hoy, encontramos un tiempo de angustia y tribulación. 

Mirando alrededor de nosotros hoy, también encontramos la angustia y la tribulación. Hace un año y medio nos cayó una pandemia que todavía nos aflige – mas que diez mil han muerto y todavía hay nuevos casos. 

Hace un año dos huracanes arrasaron Honduras.



Hoy la violencia, el narcotráfico, y la pobreza afligen Honduras. El 8 de noviembre el Instituto Nacional de Estadística especificó que el 73.6% de los hogares hondureños se encuentran en condiciones de pobreza.

En medio de todo esto, hoy la iglesia celebra la quinta jornada mundial de los pobres. 

La realidad hondureña es terrible. Reina la injusticia. También reina el individualismo y la indiferencia antes del dolor del otro. 

Pero, como predicó el papa Francisco esta mañana en Roma:
“Con la ayuda de este Evangelio podemos leer la historia considerando dos aspectos: el dolor de hoy y la esperanza de mañana”.
¿La esperanza? Jesús nos recuerda que, mirando los arboles, podemos ver la esperanza de fruto. El usaba el ejemplo de la higuera. Nosotros podemos pensar del café. En abril, no hay café, pero podemos ver los brotes y después las flores. A veces, como dijo el papa, “La esperanza del mañana florece en el dolor de hoy”. La injusticia, la pobreza, no son la voluntad de Dios. Jesús nos predica las buenas noticias del Reino de Dios, un reino de justicia, de equidad, de solidaridad, de caridad. En la oscuridad de nuestro tiempo podemos encontrar la luz de Cristo, reflejada en los que manifiestan este reino. Como dice el profeta Daniel:
“Los guías sabios brillarán como el esplendor del firmamento, y los que enseñan a muchos la justicia, resplandecerán como estrellas por toda la eternidad”.
Pero, no es solamente una promesa, sino es desafío. Debemos ser una comunidad que refleja el Reino. 

En un mundo que dice, “Salgan ellos que pueda,” debemos ayudar a los que necesitan ayuda como una comunidad solidaria.

En un mundo que se dice que la necesidad del otro no me importa, debemos ofrecer nuestra ayuda. Los paganos de los primeros siglos de la iglesia maravillaban mirando como los cristianos se ayudan unos a otros. ¿Pueden decir lo mismo de nosotros?

Debemos ser un pueblo que siembra esperanza – con nuestra fe y nuestra caridad.

Voy a terminar la homilía con las palabras del Papa Francisco hoy:
¿qué se nos pide a nosotros cristianos ante esta realidad? Se nos pide que alimentemos la esperanza del mañana aliviando el dolor de hoy. 
La esperanza cristiana … es construir cada día, con gestos concretos, el Reino del amor, la justicia y la fraternidad que inauguró Jesús. 
A nosotros se nos pide esto: que seamos, en medio de las ruinas cotidianas de mundo, incansables constructores de esperanza, que seamos luz mientras el sol se oscurece, que seamos testigos de compasión mientras a nuestro alrededor reina la distracción, que seamos presencia amante, atenta en medio de la indiferencia generalizada. 
Hace poco recordé algo que repetía un obispo cercano a los pobres, pobre de espíritu, don Tonino Bello: «No podemos limitarnos a esperar, tenemos que organizar la esperanza».
Y mi pregunta a ustedes: 
¿Qué estamos haciendo para organizar la esperanza?

Saturday, October 9, 2021

Desprenderse

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 
Borrador de una homilia 
Sabiduría 7, 7-11 
Hebreos 4, 12-13 
Marcos 10, 17-30 

 En la carta a los hebreos (4,12) escuchamos,
“La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos”.
Y hoy la espada es bien afilada – y debe cortarnos hasta el corazón, provocándonos.

El inicio del evangelio es auspicioso. 

Como escribe Padre José Antonio Pagola (La buena noticia de Jesús. Ciclo B):
“Antes de que se ponga en camino, un desconocido se acerca a Jesús corriendo. Al parecer tiene prisa para resolver su problema: «¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?». No le preocupan los problemas de esta vida. Es rico. Todo lo tiene resuelto”.
Aunque el hombre tenía dudas y buscó la vida eterna, creo que pensaba que él había hecho todo lo que tenía que hacer – todos los mandamientos. En una manera, pensaba que tenía todo lo que necesitaba para la vida. 

Entonces ¿Qué quiere decir “alcanzar/heredar la vida eterna”? 
¿Hacerse algo importante, a quién nada le falta, hasta la eternidad? 
Tal vez el hombre quería hacer algo de sí mismo – agarrar su herencia de la vida eterna. 

Pero Jesús nos dice:
"Sólo una cosa te falta: Ven y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme".
Hay que deshacernos de nosotros mismos quitándonos del apego a la fama, el poder, el respeto y el dinero. 

Hay que desprendernos de todo – abriendo el espacio en nuestro corazón donde Dios y los pobres pueden encontrar acogida. 

Y, hay más: 

Hay que dar, hay que compartir, hay que deshacerse de la herencia propia. 

No podemos entrar el Reino de Dios cargados con bienes que no compartimos, especialmente cuando hay pobres en nuestras comunidades. 

El evangelio de Jesús no es un evangelio de la prosperidad – sino de la austeridad, de la solidaridad con los pobres. 

Es el evangelio que San Francisco, Santa Clara and muchos quisieron vivir. 

Y el franciscano de hoy "sostiene sus bienes a la ligera y los comparte fácilmente". (Jon Sweeney)

Entonces, debemos hacer un examen de consciencia, personal y social. 
¿Qué debemos dejar a lado? 
 ¿Cómo podemos dejar nuestro control sobre nuestras bienes, nuestro apego a nuestro egoísmo? 
¿Cómo podemos sentir los dolores, las tristezas y la soledad de tantas personas? 
¿Cómo podemos una iglesia de los pobres y para los pobres, como el Papa Francisco ha dicho? 
¿Cómo sentirnos hermanas, hermanos – compartiendo y luchando con los descartados y olvidados?

¿Por qué? 
    Porque Dios se solidarizó con los pobres, Dios hecho carne, Dios hecho pobre.



Saturday, July 24, 2021

La abundancia de Jesús

Pan y peces para todos

17º domingo, Tiempo ordinario, ciclo B 
 2 Reyes 4, 42-44, Efesios 4, 1-6 Juan 6, 1-15
Notas para una homilía
Ambrosius Francken I, Public domain, via Wikimedia Commons

Frente a las dificultades de la vida, muchas voces dicen, “No pueden”, “No pueden cambiar”, “Tenemos que aceptar lo inevitable”. 

Este fatalismo nos hace paralizados, incapaces de actuar, estancados en la situación actual”, aceptando la injusticia del mundo.

Los poderosos, los ricos, a ellos les gusta esta actitud de fatalismo. Dicen que no tenemos los recursos a hacer la justicia – cuando están gastando miles y millones en proyectos que solamente les aprovechan.

Hoy en la primera lectura y en el evangelio, escuchamos voces como de ellos. 

 Alguien le dio a Eliseo veinte panes, Pero, su criado se quejo, “"¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?" 

En el evangelio, miramos a Jesús, mirando con compasión a la multitud – miles de personas …le dijo a Felipe: "¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" 

Felipe, pensando solamente en la dificultad de alimentar tanta gente, y como un economista o empresario, pesando del precio, le respondió a Jesús:
"Ni doscientos denarios bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan".
Pero, la lógica de Jesús es muy diferente.

No importa el gasto, lo importante es darles a comer.

Él, también, tiene confianza en su Padre que es un Dios de abundancia y no de escasez.

Andrés encuentra con un niño y le dijo a Jesús:
"Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?"
"Cinco panes y dos pescaditos. Te burlas de nosotros, Jesús". 

 Pero, en los ojos de Jesús, no es una broma. 

Como escribió José Antonio Pagola,
“Para Jesús es suficiente. Ese joven sin nombre ni rostro va a hacer posible lo que parece imposible. Su disponibilidad para compartir todo lo que tiene es el camino para alimentar a aquellas gentes. Jesús hará lo demás. Toma en sus manos los panes del joven, da gracias a Dios y comienza a «distribuirlos» entre todos”.
Nada es demasiado poco. Cada gesto tiene su valor y puede cambiar el mundo. Cada persona puede dar lo poco que tiene. 

Pienso, primero, del muchacho. Dio los panes y peces a Jesús y en momentos hay comida para todos – y mucha sobra. Yo puedo ver la sonrisa en su cara, la alegría en su corazón, el asombro en su alma. “Dios ha hecho mucho de los poco que compartí”. 

El Reino de Dios, hecho presente en este momento con la generosidad del muchacho, es tan diferente de los reinos de los poderosos y ricos. En las palabras de Dorotea Day:
La gente dice, "¿Qué bien puede hacer una persona? ¿Cuál es el sentido de nuestro pequeño esfuerzo?" No pueden ver que debemos poner un ladrillo a la vez. Solo podemos ser responsables de la única acción del momento presente. Pero podemos pedir un aumento del amor en nuestros corazones que vitalice y transforme todas nuestras acciones individuales; y podemos saber que Dios tomará nuestras acciones y las multiplicará, como Jesús multiplicó los panes y los peces.
Cada uno de nosotros tenemos algo que compartir – no solamente tortillas o pan, sino podemos compartir nuestra vida con otros, acompañándolos en sus tiempos difíciles, sentados a sus lados, escuchándolos. Tenemos el poder de el amor de acompañar, de escuchar, de luchar al lado de ellos. 

Hoy, la Iglesia celebra la primera jornada mundial de los abuelos y de los mayores.

Ustedes saben la importancia de los abuelos, las abuelas en nuestras comunidades. Muchas veces ellos sostienen las familias, rotas por la pobreza, por el abandono, por la migración. Nos muestran lo que Dios quiere – un mundo, una aldea, una iglesia, una familia donde cada uno puede realizar sus sueños, contribuir lo que tiene, desarrollar los dones que Dios nos ha dado para que seamos una comunidad de amor y de la justicia.

Hoy, recordando nuestras abuelas y abuelos, podemos aprender como vivir la visión de Jesús - de un mundo que, valuando a cada persona, nos da la oportunidad de trabajar con Jesús, compartiendo pan, dándoles de comer - no solamente pan, sino la esperanza y el amor.
 

Friday, March 19, 2021

San José

Borrador de una homilia.

Soy un tipo que no quiero cambiar mis planes. Pero no solo yo. A muchos nos cuesta cambiar lo que íbamos a hacer. 

Entonces San José me desafía. Él estaba dispuesto a oír la voz de Dios – 4 veces un ángel lo visitó en un sueño con mensajes. Cambió sus planes. 

Sus planes no eran malos, sino a veces Dios quiere que no estaquemos y que salgamos de la comodidad de nuestros buenos planes. 

 “Es el hombre marginado, en la sombra. El hombre de la silenciosa disposición de ayuda y con éxito en la misma. El hombre en cuya vida interviene constantemente Dios con nuevas órdenes y misiones. Sus planes personales quedan subordinados y silenciados”. (Alfred Delp) 

La primera situación fue probablemente lo más difícil. José, desposado con María. Pero, ella está embarazada. ¿Qué hacer? Siendo un hombre justo, decidió “dejarla en secreto”. Si la había denunciado, María habría sufrido mucho – tal vez apedreada. Era algo bueno que escogió. 

Pero Dios quiso más: recíbela en su casa. José la acogió “sin poner condiciones previas. Confió en la palabra del ángel”. (Papa Francisco) Aceptó la voluntad de Dios – a pesar de sus miedos, sus inquietudes. La aceptó y aceptó las responsabilidades de ser “padre” de Jesús. 

¿Cómo vivía sus responsabilidades? 

• "Jesús vio la ternura de Dios en José". (Papa Francisco) 

• El fue muy respetuoso de la mujer:

«La nobleza de su corazón le hace supeditar a la caridad lo aprendido por ley; y hoy, en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente, José se presenta como figura de varón respetuoso, delicado que, aun no teniendo toda la información, se decide por la fama, dignidad y vida de María. Y, en su duda de cómo hacer lo mejor, Dios lo ayudó a optar iluminando su juicio». (Papa Francisco) 

• El fue servicial 

• Fue un hombre fiel – 

 “José nos enseña que tener fe en Dios incluye además creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad. Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia”. (Papa Francisco) 

• José fue un hombre sencillo, que sabía escuchar, que estaba siempre dispuesto a hacer lo que Dios lo pidió y vivía la santidad en la oscuridad de la vida diaria. 

Todos nosotros – padres de la familia, madres, abuelos y abuelitas, y incluso los sacerdotes y diáconos y religiosas, en su celibato, están llamados a ser como José. 

En su carta apostólica, el Papa Francisco escribió: 

 "Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él".

 

dibujo de Agustín De La Torre


Más dibujos de Agustín De La Torre se pueden encontrar en su página de Facebook

Saturday, February 6, 2021

Diaconando a los enfermos - la suegra de Pedro

Quinto Domingo Tiempo Ordinario Ciclo B 

...se puso a servirles

borrador de una homilia

Job 7, 1-4. 6-7
Salmo 146, 1. 3. 4-5. 6-7 
1 Corintios 9, 16-19. 22-23 
Marcos 1, 29-39 


 Como atendemos a los enfermos dice mucho de que somos – personalmente, como comunidad y como iglesia.

Yo he visto familias que cuidan a los enfermos y ancianos con mucho cariño, atendiendo a sus necesidades – dándoles a comer, lavándolos, cambiando pañales y más. Conozco a personas que han dedicado su tiempo para cuidar un familiar – un joven en una aldea, una mujer con su esposo medio-paralizado, una nuera con su suegro de más de noventa años. Me siento humillado mirando su cuidado, su entrega al enfermo. Estas familias, sirviendo al enfermo, son signos de la presencia del Reino de Dios en el mundo.

Pero, también hay ancianos y enfermos que están abandonados por sus hijos, sus familiares, sus vecinos. Es una lastima encontrar a una persona abandonada.

Pero ¿Qué hace Jesús? 

Saliendo de la sinagoga, donde él había expulsado un espíritu inmundo, dejando un hombre sano y salvo, entra la casa de Simón y Andrés. 

La suegra de Pedro no puede atenderlos porque está en la cama con una fiebre – enferma. 

 ¿Qué hace Jesús?
Se acerca a ella. 

Acercarse a un enfermo no es siempre fácil – a veces la persona enferma no puede controlar sus funciones corporales y hay un olor tremendo. También, la vulnerabilidad del enfermo nos recuerda de nuestra enfermedad. Recordamos que no somos invulnerables: también, nosotros sufrimos, tenemos enfermedades, vamos a morir. 

Sentimos nuestra incompetencia, no podemos resolver todo en un minuto o como queremos. Tenemos que recordar que nos necesitamos unos a otros. 
“La experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro”. (Papa Francisco, "Mensaje para la XXIX Jornada Mundial del Enfermo") 
Pero ¿que hace Jesús? 

Su primer paso: “Se acercó a ella”. 
“La cercanía, de hecho, es un bálsamo muy  valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad”. (Papa Francisco, ibid.
La tomó de la mano y la levantó. La fiebre se fue. 

Pero, ¿Qué hizo la suegra, ahora sanada? Se puso a servir – la palabra en griego es diaconar - καὶ διηκόνει αὐτοῖς. 

Creo que este es bien importante.

Dios nos cura, nos perdona, se nos acerca para que podamos vivir su Reino, no quedándonos aislados. Dios nos cura para restaurarnos a la sociedad. Y nos da una misión – ser como él.

Acabamos de bautizarle a Yenifer antes de la Misa y después fue ungida por el santo crisma en Cristo, “sacerdote, profeta, rey” – pero, Jesús es un rey servidor. 

Todos nosotros como bautizados tienen la misión de servir – signos del Cristo el Siervo. 

Sanados, perdonados, Dios nos da la gracia para servir.

Que seamos como Jesús - y como la suegra de Pedro. Como escribió el Papa Francisco:
“El mandamiento del amor, que Jesús dejó a sus discípulos, también encuentra una realización concreta en la relación con los enfermos. Una sociedad es tanto más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros frágiles y que más sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno. Caminemos hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado”. (Papa Francisco, ibid.

Sunday, November 29, 2020

La esperanza

Adviento primer domingo ciclo B 
Isaías 63,16b-17.19b;64,2b-7; 1 Corintios 1, 3-9; Marcos 13, 33-37
Hemos vivido un año difícil. En marzo, cayó sobre nosotros el COVID-19. Hace poco, nos golpearon dos huracanes. Para proteger nosotros y a nuestros hermanos, tuvimos que aislarnos, quedando en casa, en cuarentena, para prevenir – o a lo menos, disminuir – el contagio por el virus. Ha estado difícil. No pudimos reunirnos con familiares, ni en las celebraciones de nuestra fe. Todavía tenemos que mantener la precaución. Pero, los dos huracanes nos golpearon. Muchas personas han perdido sus casas. Hasta la semana pasada, la mayoría del daño fue en la costa Atlántica. La Lima, Cortes, se convirtió en un lago. Miles tuvieron que salir para salvarse. Pero, hace poco hemos visto los efectos del huracán Iota muy cerca. Puentes destruidos, aldeas, como La Reina, Protección, Santa Bárbara, destruidas por derrumbes. Muchas comunidades de la parroquia están aisladas, sin acceso. Hay fincas y casas destruidas. Hay muchas casas en peligro. Es posible que muchas personas tengan que salir de sus hogares, colonias y caseríos, buscando nuevos lugares, construyendo nuevas casa y aun nuevos barrios Pero, en medio de toda la destrucción, de toda la ansiedad y sufrimiento, celebramos el tiempo de Adviento, un tiempo de esperanza. Dios nos ofrece la esperanza. No un optimismo, no un sentimiento que todo salga bien sino la confianza que Dios camina con nosotros en medio de la oscuridad. La esperanza se realiza con fe confianza en la presencia de Dios con nosotros. No somos el pueblo de Israel en la primera lectura que dice a Dios: “Ojalá rasgaras los cielos y bajaras, estremeciendo las montañas con tu presencia.” Ya tenemos la confianza que el Señor ya ha rasgado los cielos y has bajado a vivir con nosotros – en Cristo Jesús. La esperanza, también, nos mueva a la conversión de nuestros corazones y de nuestras comunidades. “Estabas airado porque nosotros pecábamos y te éramos siempre rebeldes. Todos éramos impuros y nuestra justicia era como trapo asqueroso”. Nuestras vidas, nuestras comunidades, nuestro país faltan mucho – especialmente el reconocimiento de la presencia de Dios con nosotros y los rostros oscuros de Dios en los necesitados. También, la esperanza nos lleva al compromiso. No nos quedamos, sentados en nuestras casas, contando con la ayuda de Dios. No, con la ayuda de Dios, salimos de nosotros, de nuestras comodidades, de nuestra pereza y indiferencia. Como el profeta nos dice: “Tú sales al encuentro del que practica alegremente la justicia y no pierde de vista tus mandamientos”. Para hacer personas de esperanza debemos estar alertos, despiertos, para reconocer Dios en nuestras vidas. Esta esperanza no es solamente de la esperanza del cielo o de el último juicio. Cristo vino – si, en Jesús de Nazaret. Cristo vendrá. Cristo viene – en cada momento de nuestras vidas. ¿Estamos alertos? o ¿estamos distraídos por las luces de los mercados, por las promesas de los políticos, por las diversiones de las medias de comunicación? En este tiempo de Adviento, Dios nos llama a reconocer su presencia entre nosotros – en las penas y las alegrías, en las tormentas y en las celebraciones. Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento. ¡Permanezcan alertas! Cristo viene y se hizo carne entre nosotros.