Saturday, June 4, 2022

ENVIO Vigilia de Pentecostés

Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor. 
Envía tu Espíritu , Señor, y serán creados 
y renovarás la faz de la tierra. 

Fue casi en esta hora 
cuando descendió el Espíritu Santo 
sobre los setenta y dos discípulos, 
encerrados en el cenáculo aislados, 
tal vez con miedo, 
 con las puertas cerradas. 

En medio de su comodidad, su grupo encerrado, 
interrumpió el Espíritu Santo.

Y tuvieron que salir y anunciar lo que habían experimentado: 
la novedad, la buena nueva de Dios, hecho carne, en Jesús, 
que se entregó, se murió en la cruz y resucitó 
– un Dios vivo que ni nada ni nadie puede aplastar. 

 Anunciaron la buena nueva, el kerigma: 
“Jesús, Señor nuestro, fue entregado por nuestros delitos y resucitado para nuestra justificación” (Rom 4,25)

 O, como dice el Papa Francisco (Evangelii Gaudium, 164): 

“Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte”. 

 No pudieron quedarse encerrados, 

tuvieron que salir,
porque, somos, como dice el papa Francisco,
“una iglesia en salida”.

Salimos de aquí, esta noche,
dando testimonio que algo nuevo está pasando,
el Espíritu Santo renueva la faz de la tierra.

Pero, renueva con nosotros,
dando testimonio con nuestras vidas
que Dios quiere y está haciendo algo nuevo
 en nosotros, con nosotros. 

El testimonio se hace más que todo con nuestras vidas;
no bastan las palabras.
El mundo espera el testimonio de nuestras vidas. 

Pero, ¿cómo hacemos? 

Me gusta mucho las palabras de la secuencia 

Ven, Espíritu Santo, y envíanos desde el cielo tu luz, para iluminarnos.
Ven ya, padre de los pobres, luz que penetra en las almas, dador de todos los dones.
Fuente de todo consuelo, amable huésped de alma, paz en las horas de duelo.
Eres pausa en al trabajo; brisa, en un clima de fuego; consuelo, en medio del llanto. 

En la secuencia, pedimos al Espíritu Santo, 

Lava lo que está sucio; 
Riega lo que está árido; 
Sana lo que está herido. 
Doble lo que está rígido; 
Caliente lo que está frío; 
Enderece lo que desvía.
Tanta suciedad en nuestro mundo:
    la suciedad del pecado;
    la suciedad del descuidado de la casa común.
         ¿Cómo podemos lavar lo que está sucio? 

 Tanta aridez en nuestro mundo:
     las personas, los jóvenes que han perdido la alegría de vivir,
     los ancianos que no sienten el calor del amor de sus familiares;
     la tierra hecha árido e infértil por sequía o por químicas.
        ¿Cómo podemos regar lo que está árido?

Tantas heridas en nuestro mundo:
    las heridas de la violencia, del abuso, 
    las heridas de las víctimas de guerra,
    las heridas de los que sufren de la pobreza,
    de la falta de comida, de salud, de trabajo. 
        ¿Cómo podemos sanar las heridas? 

Tanta rigidez en nuestro mundo:
    personas con corazones cerrados
    a las necesidades de sus prójimos,     
     naciones que hacen muros, rechazando a los que son diferentes,
    aún agentes de pastoral que no buscan a los alejados.     
        ¿Cómo podemos doblar, suavizar lo que está rígido? 

 Tanto frío en nuestro mundo: 
    Los corazones fríos que no tienen espacio
    para Dios, 
    para los pobres, los desvalidos, los enfermos;
    las estructuras sociales y eclesiales que no abrazan
    a los que se sienten rechazados, aislados y descartados. 
        ¿Cómo podemos calentar lo que está frio? 

Tantas sendas torcidas en nuestro mundo. 

Que el Espíritu Santo nos de la fuerza,
el ánimo de poner todo esto en práctica
en nuestras vidas, en nuestras comunidades,
en nuestra parroquia y en nuestro país. 

Él hace eso en nosotros
y nos manda a hacerlo.

El Espíritu penetró las puertas cerradas
 en el primer Pentecostés.
Él les dio a los discípulos
 el valor de anunciar la buena nueva de Cristo resucitado
por sus palabras y sus vidas.

Él puede hacer lo mismo de nosotros.
Y, como Jesús nos manda:
    Vayan por todo el mundo,
     mostrando a todos
        que Dios nos ama, nos salva
            y nos da la vida eterna no solamente para nosotros,
             sino para compartir con todos. 

Vayan en paz
para servir le a Dios y a todos.
Sean fuego del amor del Espíritu.

Sunday, May 22, 2022

Santa Rita de Cascia

 Quiero compartir la reflexión que escribió hace varios años sobre la santa Rita de Cascia.


Santa Rita de Casia
(1381-1457)
La santa patrona de viudas y de víctimas de abuso 

REFLEXIÓN 

El esposo de Santa Rita fue asesinado por miembros de una familia en su pueblo. Sus hijos quisieron vengar a ellos por haber matado a su padre. Santa Rita trataba de disuadirles y rezaba mucho. Sus hijos murieron antes de vengarse. Santa Rita perdonó a los asesinos de su esposo y sus hijos abandonaron su propósito de venganza. 

Lectura bíblica: Mateo 18, 21-35 En su vida, Santa Rita quiso ser una reconciliadora, perdonando a los que la hirieron.

En su carta, El Rostro de la Misericordia, de 11 de abril de 2015, el Papa Francisco escribió:

El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. ¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices.
Anteriormente, en la homilía de 23 de febrero, 2014, el Papa había dicho:
El Levítico (19,17-18) dice: “No odiarás de corazón a tu hermano… No te vengarás, ni guardarás rencor… sino que amarás a tu prójimo…”. Estas actitudes nacen de la santidad de Dios. Nosotros, sin embargo, normalmente somos tan diferentes, tan egoístas y orgullosos…; pero la bondad y la belleza de Dios nos atraen, y el Espíritu Santo nos puede purificar, nos puede transformar, nos puede modelar día a día. Hacer este trabajo de conversión, conversión en el corazón, conversión que todos nosotros … debemos hacer. ¡Conversión!
Preguntas para dialogar: 
¿Porqué es tan difícil perdonar? 
¿Ha tenido de una experiencia del perdón – perdonar o ser perdonado? o ¿Ha visto una persona perdonando? Comparte la experiencia y explica como se sentía.

 BIOGRAFÍA

Santa Rita sentía desde niña una fuerte inclinación a la vida religiosa, pero sus padres, avanzados ya en edad, escogieron un esposo para ella. Después del matrimonio, él se demostró ser borracho, mujeriego y abusador. Rita le fue fiel durante toda su vida de casada. Encontró su fortaleza en Jesucristo, en una vida de oración, sufrimiento y silencio.

Tuvieron dos gemelos, los cuales sacaron el temperamento del padre. Rita se preocupó y oró por ellos. Después de veinte años de matrimonio y oración por parte de Rita, el esposo se convirtió, le pidió perdón y le prometió cambiar su vida. Rita lo perdonó y él dejó su vida de pecado. Esto no duró mucho, porque mientras él se había reformado, no fue así con sus antiguos amigos y enemigos. Una noche no regresó a la casa. Al día siguiente, lo encontraron asesinado.

La pena de Santa Rita fue aumentada cuando sus dos hijos juraron vengar la muerte de su padre. Las súplicas no lograban disuadirlos. Entonces Santa Rita, comprendiendo que más vale salvar el alma que vivir mucho tiempo, rogó al Señor que salvara las almas de sus dos hijos. Los dos padecieron una enfermedad fatal. 

Durante el tiempo de su enfermedad, la madre les habló dulcemente del amor y el perdón. Antes de morir, ellos perdonaron a los asesinos de su padre. Rita estuvo convencida de que ellos estaban con su padre en el cielo. 

Quedando sola, Santa Rita quiso entrar la vida religiosa. Pidió la admisión en el convento de las monjas agustinas de Casia, pero se le respondió que sólo permitían recibir vírgenes. Pero Rita fue viuda.

También, algunas monjas en el convento fueron familiares de los asesinos de su esposo y la superiora tenía miedo que su presencia en el convento podría provocar conflictos.

Aunque ella había perdonado a los asesinos, la familia de su esposo no había. Santa Rita buscó una manera de reconciliar a las familias. Le exhortó a la familia de su esposo a quitar todo sentido de rencor, de vendetta. Su valentía les convenció. A su vez, la familia de los asesinos también se puso de acuerdo. Las dos familias intercambiaron un abrazo de paz, firmaron un acuerdo y se prometieron a abandonar cualquier venganza. 

Rita vivía por muchos años en el convento de las monjas agustinas, muy devota a la pasión de Jesucristo.

Su fiesta se celebra el 22 de mayo, el día de su muerto en el año 1457. 

Preguntas para dialogar: 

¿Qué aspectos de la vida de Santa Rita le llaman la atención? ¿Por qué? 

Santa Rita siempre buscaba la reconciliación, pero una reconciliación arraigada en el amor de Cristo. ¿Qué podemos hacer para promover la reconciliación en nuestras comunidades, en nuestros barrios o aldeas? ¿Cómo podemos terminar con el ciclo de vendettas y violencia en nuestras comunidades?

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Tuesday, March 1, 2022

FELIZ CUARESMA

Miércoles de la Ceniza, 2022

Hoy vamos a recibir cenizas en nuestras cabezas, 
escuchando las palabras, 
“Recuerda que eres polvo y al polvo has de volver”. 

Somos seres frágiles, débiles, creados del barro, del polvo. 
A veces, pensamos que somos de hierro – o, aún, de oro; 
otras veces, nos sentimos como cenizas inútiles. 
 La verdad es que somos del polvo, de la tierra, 
pero dotados de una dignidad tremenda 
– Somos creados en la imagen y semejanza de Dios, 
que quiere hacernos santos, 
compartiendo su vida. 

Aunque hemos manchado esta imagen con nuestros pecados, 
nuestro Dios es compasivo y misericordioso 
y quiere que nos reconciliemos con Él. 
Como dijo el profeta Joel, “Todavía es tiempo”, 
Nunca es tarde. 
Siempre podemos volvernos a Dios.
Cada año la Iglesia nos da un tiempo, 
cuaresma, 
cuarenta días, 
un tiempo de cuarentena para estar sanados, 
para recuperar la gracia de la santidad,
que recibimos en nuestro bautismo. 

La Iglesia nos sugiere tres practicas, 
tres disciplinas del discípulo, 
para abrirnos al poder sanador de Dios: 
la oración, el ayuno y la limosna.
Orar es abrir un espacio para Dios en nuestros corazones. 

Orar no es solar rezar oraciones. 
Orar es escucharle a Dios, 
su amor, su misericordia y sus desafíos.
Orar, también, es hablar con Dios, 
compartiendo nuestras alegrías, nuestras tristezas, 
nuestros temores y nuestras esperanzas. 

Ayunar no es simplemente no comer. 
Ayunar es de dejar un espacio en nuestra vida,
para que podamos anhelarle a Él 
y su justicia y amor. 
A veces tratamos de llenarnos con chatarra 
– no solamente comida chatarra, 
 sino, más que todo, con la chatarra de chambre, 
 de injusticia, de mentiras de los medios y más. 

 La limosna no es solamente dar un lempira al pobre, 
es responder con amor a los demás, 
acompañándolos con ternura, 
trabajando juntos para una civilización de amor. 

En todo, Dios nos llama a seguirle a Jesús que se hizo carne, 
se anonadó, se hizo obediente hasta la cruz por amor. 

Este quiere una conversión,
una transformación que Dios puede hacer en nosotros. 
Si Dios pudo hacer el ser humano del polvo, 
él puede y él quiere transformarnos, en su santo pueblo, 
sus hijos e hijos. 

La cuaresma puede ser este tiempo 
 en que Dios puede hacer en nosotros
el milagro de transformación, de perdón, de reconciliación. 
Como dice el profeta – 
 “Vuélvanse al Señor Dios nuestro, 
porque es compasivo y misericordioso”. 

Es un camino hacía la vida resucitada con Cristo, 
Es buena noticia. 

 “Conviértete y cree en el Evangelio”. 

Feliz Cuaresma.

Sunday, February 6, 2022

Dios nos llama - no hay excusas

Quinto domingo del tiempo ordinario - Ciclo C 
Isaías 6, 1-2a.3-8; 1 Corintios 15, 1-11; Lucas 5, 1-11 

Borrador de una homilía
“El hilo conductor de las lecturas [de hoy] es la llamada”. (Bíblico 2022) 

Hemos escuchado a Dios llamando al profeta Isaías, al pescador Simón (Pedro) y al Pablo (el “último entre los apóstoles”).

Dios no solamente llama a estos grandes hombres. Viene a encontrarnos, cada uno de nosotros, donde estamos, y a llamarnos a ser sus seguidores, y a la conversión. 

A veces sentimos, como Isaías, Pedro y Pablo, perdidos, impuros, indignos, pecadores, sin méritos, incapaces. Pero, a pesar de todo, Dios nos llama porque él ve algo bueno en cada uno de nosotros y tiene una misión para mí y para usted.

Podemos tratar de decirle algunas excusas, pero todavía nos llama. 

Isaías dijo que estaba un hombre de labios impuros; Simón Pedro le dijo a Jesús, “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”; Pablo se llama a sí mismo como un aborto. 
 
Pero Dios los purificó, los perdonó, los dio la fuerza; y él nos purifica, nos perdona, nos da la fuerza – no importa si nos sentimos reventados, inútiles, indignos. 

A veces Dios nos llama porque estamos débiles, no confiándonos en nuestras fuerzas o nuestros méritos sino en la gracia del Señor. Como Pablo escribió a los corintios, “no merezco el título de apóstol…. [Pero] gracias a Dios soy lo que soy, y su gracia en mí no ha estado inútil, no ha resultado estéril”. 

Dios nos llama a la conversión y a la misión – cada uno de nosotros. Es pura iniciativa del Dios. Él viene cada día llamándonos. Viene a encontrarnos y llamarnos. 

A veces la llamada es un evento espectacular – como con San Pablo cuando Jesús le apareció en el camino a Damasco, o como con Isaías en una visión en el templo, o como con Simón Pedro en la pesca milagrosa.

Pero, muchas veces las llamadas a la conversión o la misión vienen en el medio de la vida cotidiana – y solamente tenemos que reconocer que Dios está llamándonos.

Las llamadas espectaculares son como eventos que nos empujan a la acción. Tal vez conoce a un alcohólico que experimentó un momento en que decidió de dejar beber. Pero, la conversión, la llamada a la misión, no es un solo evento. Según la sabiduría de Alcohólicos Anónimos, la persona tiene que renovar su decisión cada día – y no puede hacerla sin la ayuda de Dios. 

A todos nosotros, Dios sigue llamándonos a la conversión permanente – cada día llamándonos a la misión del día. Porque la conversión es un proceso en curso.

También, la misión asumida no siempre es la misma – a veces Dios nos llama a ser y hacer algo más y tenemos que estar atentos a la llamada de Dios. 

 Porque Dios nos llama cada día, usualmente en lo cotidiano para vivir como hijos e hijas de Dios, como discípulos-misioneros, protagonistas del Reino de Dios – algunos con un cargo en la iglesia, pero para la mayoría como signos del Reino de Dios donde estamos – en la familia, en el trabajo, o en la escuela.  Tal vez Dios está llamándonos en el enfermo o la anciana que le gustaría una visita, o en las personas pobres que nos llama a ayudar en sus necesidades. Tal vez Dios está llamándonos a abogar para las víctimas de injusticia o violencia doméstica. Tal vez Dios nos llama a hacer algo muy sencillo - saludando alguien que está triste o se siente abandonados. con una sonrisa o una palabra.  

Cada persona – desde el niño al anciano – tiene una misión. No hay excusas. 

Porque Dios nos llama y nos da el perdón y la fuerza que nos falta. 

Dios nos llama hoy a la conversión, a la misión - ¿Cómo va a vivir la misión hoy?

Sunday, December 19, 2021

El asombro, la entrega y la visión del Reino

Cuarto Domingo de Adviento 
Ciclo C 
Miqueas 5, 1-4 
Hebreos 10, 5-10 
Lucas 1, 39-45 

Si estuviéramos visitando o trabajando en la casa de Zacarías cuando María llegó y le saludó a su prima Isabel, no nos parecería algo importante, algo significativa – solamente dos primas saludándose una a otra, una jovencita visitando a su prima vieja.


Pero, algo está pasando.

Con los ojos de fe, encontraríamos dos mujeres, milagrosamente embarazada – una anciana y una virgen joven. Dios ha hecho algo importante – dando un hijo a una mujer que todos pensaban estéril, dando un hijo a una virgen. Nueva vida ha llegado a las estériles y a las vírgenes. Las que el mundo piensa inútiles, a ellas Dios da nueva vida.

María, la jovencita que dijo “si” a Dios y aún embarazada salió al encuentro con su prima vieja embarazada, viajando 128 kilómetros (casi la distancia de Dulce Nombre a San Pedro Sula). Una mujer de compromiso – diciendo “Aquí estoy, Dios mío; vengo para hacer tu voluntad”, como escuchamos en la carta a los hebreos; no pensando de si misma, fue a acompañar a su prima, también embarazada. María nos da el testimonio de entrega y compasión.

Pero, tenemos que tomar en cuenta todo lo que pasaba en el encuentro de las primas. Isabel se llenó de asombro y alegría cuando escuchó el saludo de María. Reconoció algo nuevo, algo asombroso, cuando se encontró con María.

Este no fue una visita ordinaria, sino la visita de la madre de Dios: “¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?”. 

El Papa Francisco en una homilía hace años, dijo: “Para celebrar bien la Navidad, estamos llamados a detenernos en los ‘lugares de asombro’”, reconociendo que estamos en un lugar sagrado.

Dios nos llama a abrir nuestros corazones a reconocer la presencia de Dios entre nosotros, a veces disfrazada en lo más cotidiano, una virgen joven, en un lugar pequeño como Belén.

Juan en el vientre de Isabel reconoció a Jesús, el Salvador, en el vientre de su madre, María. Y su reacción, dio saltos de gozo.

Dios nos acerca en muchas maneras, pero a veces no los conocemos, mirando con ojos del mundo que solamente valora lo grande, lo poderoso, lo violento, lo famoso. No puede reconocer la presencia de Dios en lo pequeño, lo pobre, lo cotidiano. Es un mundo que ha perdido el sentido de asombro.

Pero, asombrados, podemos imaginar un mundo nuevo. El Evangelio de hoy termina antes de la respuesta de María al encuentro con su prima. Con asombro, María glorifica al Señor que “puso sus ojos en la humildad de su esclava”. Y en el cántico de la Magnifica, María nos ofrece la visión de un mundo nuevo, lleno de la gracia de su hijo Jesús, que es muy diferente que el mundo actual:
…su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. 
Él hace proezas con su brazo; dispersa a los soberbios de corazón. 
Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. 
A los hambrientos los colma de bienes y al los ricos los despide vacíos.
Es un mundo patas arriba. Para prepararnos para la Navidad debemos cultivar en nuestros corazones la entrega de María, el asombro de Isabel, la alegría de Juan el bautista y la visión de un mundo nuevo, del Reino de Dios, que María cantaba. En su homilía del 24 de diciembre de 1978, San Óscar Romero dijo
Nadie podrá celebrar la Navidad auténtica si no es pobre de verdad. Los autosuficientes, los orgullosos, los que desprecian a los demás porque todo lo tienen, los que no necesitan ni de Dios, para ésos no habrá Navidad. Sólo los pobres, los hambrientos, los que tienen necesidad de que alguien venga por ellos, tendrán a ese alguien, y ese alguien es Dios, Emanuel, Dios-con-nosotros. Sin pobreza de espíritu no puede haber llenura de Dios.
Pidamos de Dios la gracia del asombro como de Isabel, la entrega de María y la visión de un mundo de Dios-con-nosotros – que reconoce la presencia de Dios en lo pequeño, en lo pobre.

Sunday, November 14, 2021

El Dolor y la Esperanza

Trigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario

Jornada Mundial de los Pobres 


Daniel 12, 1-3
Hebreos 10, 11-14. 18
Marcos 13, 24-32

Borrador de una homilía

En el inicio de la lectura del profeta Daniel y del evangelio de San Marcos de hoy, encontramos un tiempo de angustia y tribulación. 

Mirando alrededor de nosotros hoy, también encontramos la angustia y la tribulación. Hace un año y medio nos cayó una pandemia que todavía nos aflige – mas que diez mil han muerto y todavía hay nuevos casos. 

Hace un año dos huracanes arrasaron Honduras.



Hoy la violencia, el narcotráfico, y la pobreza afligen Honduras. El 8 de noviembre el Instituto Nacional de Estadística especificó que el 73.6% de los hogares hondureños se encuentran en condiciones de pobreza.

En medio de todo esto, hoy la iglesia celebra la quinta jornada mundial de los pobres. 

La realidad hondureña es terrible. Reina la injusticia. También reina el individualismo y la indiferencia antes del dolor del otro. 

Pero, como predicó el papa Francisco esta mañana en Roma:
“Con la ayuda de este Evangelio podemos leer la historia considerando dos aspectos: el dolor de hoy y la esperanza de mañana”.
¿La esperanza? Jesús nos recuerda que, mirando los arboles, podemos ver la esperanza de fruto. El usaba el ejemplo de la higuera. Nosotros podemos pensar del café. En abril, no hay café, pero podemos ver los brotes y después las flores. A veces, como dijo el papa, “La esperanza del mañana florece en el dolor de hoy”. La injusticia, la pobreza, no son la voluntad de Dios. Jesús nos predica las buenas noticias del Reino de Dios, un reino de justicia, de equidad, de solidaridad, de caridad. En la oscuridad de nuestro tiempo podemos encontrar la luz de Cristo, reflejada en los que manifiestan este reino. Como dice el profeta Daniel:
“Los guías sabios brillarán como el esplendor del firmamento, y los que enseñan a muchos la justicia, resplandecerán como estrellas por toda la eternidad”.
Pero, no es solamente una promesa, sino es desafío. Debemos ser una comunidad que refleja el Reino. 

En un mundo que dice, “Salgan ellos que pueda,” debemos ayudar a los que necesitan ayuda como una comunidad solidaria.

En un mundo que se dice que la necesidad del otro no me importa, debemos ofrecer nuestra ayuda. Los paganos de los primeros siglos de la iglesia maravillaban mirando como los cristianos se ayudan unos a otros. ¿Pueden decir lo mismo de nosotros?

Debemos ser un pueblo que siembra esperanza – con nuestra fe y nuestra caridad.

Voy a terminar la homilía con las palabras del Papa Francisco hoy:
¿qué se nos pide a nosotros cristianos ante esta realidad? Se nos pide que alimentemos la esperanza del mañana aliviando el dolor de hoy. 
La esperanza cristiana … es construir cada día, con gestos concretos, el Reino del amor, la justicia y la fraternidad que inauguró Jesús. 
A nosotros se nos pide esto: que seamos, en medio de las ruinas cotidianas de mundo, incansables constructores de esperanza, que seamos luz mientras el sol se oscurece, que seamos testigos de compasión mientras a nuestro alrededor reina la distracción, que seamos presencia amante, atenta en medio de la indiferencia generalizada. 
Hace poco recordé algo que repetía un obispo cercano a los pobres, pobre de espíritu, don Tonino Bello: «No podemos limitarnos a esperar, tenemos que organizar la esperanza».
Y mi pregunta a ustedes: 
¿Qué estamos haciendo para organizar la esperanza?

Saturday, October 9, 2021

Desprenderse

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 
Borrador de una homilia 
Sabiduría 7, 7-11 
Hebreos 4, 12-13 
Marcos 10, 17-30 

 En la carta a los hebreos (4,12) escuchamos,
“La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos”.
Y hoy la espada es bien afilada – y debe cortarnos hasta el corazón, provocándonos.

El inicio del evangelio es auspicioso. 

Como escribe Padre José Antonio Pagola (La buena noticia de Jesús. Ciclo B):
“Antes de que se ponga en camino, un desconocido se acerca a Jesús corriendo. Al parecer tiene prisa para resolver su problema: «¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?». No le preocupan los problemas de esta vida. Es rico. Todo lo tiene resuelto”.
Aunque el hombre tenía dudas y buscó la vida eterna, creo que pensaba que él había hecho todo lo que tenía que hacer – todos los mandamientos. En una manera, pensaba que tenía todo lo que necesitaba para la vida. 

Entonces ¿Qué quiere decir “alcanzar/heredar la vida eterna”? 
¿Hacerse algo importante, a quién nada le falta, hasta la eternidad? 
Tal vez el hombre quería hacer algo de sí mismo – agarrar su herencia de la vida eterna. 

Pero Jesús nos dice:
"Sólo una cosa te falta: Ven y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme".
Hay que deshacernos de nosotros mismos quitándonos del apego a la fama, el poder, el respeto y el dinero. 

Hay que desprendernos de todo – abriendo el espacio en nuestro corazón donde Dios y los pobres pueden encontrar acogida. 

Y, hay más: 

Hay que dar, hay que compartir, hay que deshacerse de la herencia propia. 

No podemos entrar el Reino de Dios cargados con bienes que no compartimos, especialmente cuando hay pobres en nuestras comunidades. 

El evangelio de Jesús no es un evangelio de la prosperidad – sino de la austeridad, de la solidaridad con los pobres. 

Es el evangelio que San Francisco, Santa Clara and muchos quisieron vivir. 

Y el franciscano de hoy "sostiene sus bienes a la ligera y los comparte fácilmente". (Jon Sweeney)

Entonces, debemos hacer un examen de consciencia, personal y social. 
¿Qué debemos dejar a lado? 
 ¿Cómo podemos dejar nuestro control sobre nuestras bienes, nuestro apego a nuestro egoísmo? 
¿Cómo podemos sentir los dolores, las tristezas y la soledad de tantas personas? 
¿Cómo podemos una iglesia de los pobres y para los pobres, como el Papa Francisco ha dicho? 
¿Cómo sentirnos hermanas, hermanos – compartiendo y luchando con los descartados y olvidados?

¿Por qué? 
    Porque Dios se solidarizó con los pobres, Dios hecho carne, Dios hecho pobre.